A medio siglo
Se cumplen cincuenta años de aquel 24 de marzo.
Tampoco es cuestión de barrer todo bajo la alfombra y olvidar que el “león hervíboro” –como el propio Perón se autodenominaba– regresó derechizado y lopezreguizado. Rajó a los “estúpidos imberbes” de la Plaza aquel 1º de mayo del 74, a pesar de haber sostenido el apoyo (a esa “juventud maravillosa”) durante todo el exilio: “No me equivoqué. Ni en la apreciación de los días que venían, ni en la calidad de la organización sindical, que a través de 20 años, pese a esos estúpidos que gritan…, se han mantenido inconmovibles y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que resistieron durante 20 años” (1).
–¿Qué pasa? ¿Qué pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular? (2)
Un líder que, consciente de sus últimos peldaños, sin embargo, nos legó a una mujer inoperante –¡“no me atosiguéis”!, repetía como un mantra a los periodistas que la acosaban– que con sus actitudes, absolutamente sometida a los designios de José López Rega, sirvió en bandeja de plata a los militares ejecutantes las condiciones para el comienzo del sangriento “Proceso de reorganización nacional”. Así cuanto prelado, civil común o milico, larvada o deschavadamente gorila, comenzó a consentir y a apoyar las decisiones de Videla, Massera y Agosti en la Junta de Gobierno (la famosa “grieta” en su más aterradora versión).
Es una época que he vivido, no necesito el relato histórico –sólo para los pormenores y las intimidades de los lugares clandestinos de secuestro y tortura– el resto podía verse con sólo asomar las narices de nuestra casa, en los lugares de trabajo, los Falcon verdes y las pick-ups militares operaban impunemente a la luz del día en redadas clandestinas basadas en denuncias anónimas o en la portación de cara.
Se implementó un plan sistemático de terrorismo de Estado, que permaneció en el poder hasta 1983. El golpe fue planificado y ejecutado dentro del marco del Plan Cóndor, un sistema clandestino de coordinación represiva entre países latinoamericanos promovido por varios gobiernos de Estados Unidos, como parte de la “doctrina de la seguridad nacional”, que generalizó las dictaduras en América Latina con el fin de mantener el control sobre esos países durante la Guerra Fría. Fue el sexto y último golpe de Estado exitoso de la serie de golpes de Estado iniciada en 1930, que impidió que se consolidara la democracia en Argentina hasta fines del siglo XX, luego de que se aprobara el voto secreto en 1916. Los líderes del golpe fueron juzgados y condenados luego de la recuperación de la democracia en diciembre de 1983, por cometer miles de crímenes de lesa humanidad.
El crimen de lesa humanidad es un acto atroz –como asesinato, tortura, violación, desaparición forzada o esclavitud– cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil. Estos delitos, definidos por el derecho internacional, violan la dignidad humana y son imprescriptibles, vale decir que pueden ser juzgados sin límite de tiempo.
Aquellos crímenes que habíamos conocido, como algo lejano, sucedido durante el “Genocidio armenio” o los campos de exterminio nazi durante la Segunda guerra Mundial, de repente, como una pesadilla, comenzaron a suceder a las puertas de nuestras casas. Así nos fuimos enterando de “vuelos de muerte”, “centros clandestinos de detención y tortura”, “violaciones”, “apropiación de recién nacidos de las secuestradas embarazadas”; “ejecuciones simulando enfrentamientos” y otros ominosos etcéteras.
Recuerdo particularmente la detención y secuestro de un compañero de trabajo. Un mediodía estábamos picando algo en el bolichito del pasillo –de Canal 11 en Pavón 2444– cuando oímos un alboroto sobre la puerta de Pavón. Un grupo comando estaba llevándose a Carlos Alberto Maguid, un joven empleado de administración, quien desesperado vociferaba su nombre y apellido y número de documento. Me quedaron grabadas para siempre esas imágenes, el sonido milico de armas y borceguíes en el forcejeo y la voz de Maguid. Y una imaginaria –y aun inexistente– selfie de nosotros, sus mudos compañeros, a quienes el terror ya había cooptado, incapaces de interrogar a los captores sobre las razones de esa barbarie. Hoy Maguid, Carlos Alberto, legajo 7112, figura en el listado de detenidos desaparecidos de la dictadura cívico-militar-eclesiática (1976-1983). (3)
En Boedo hemos sido espectadores de los desdichados sucesos que tuvieron como escenario la iglesia Santa Cruz –EE UU y Urquiza–. Los primeros secuestros se llevaron a cabo en las puertas del templo, el 8 de diciembre de 1977 y culminaron en su etapa de desaparición de “los doce”, dos días después –el 10 de diciembre– cuando se llevaron a Azucena Villaflor de la esquina de su casa en Sarandí, Avellaneda.
En el homenaje a las tres Madres Fundadoras: Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de Devincenti; las religiosas francesas Alice Domon y Leonie Duquet; los familiares de desaparecidos y presos políticos Angela Auad, Remo Berardo, Julio Fondovila y Patricia Oviedo; y los militantes populares Raquel Bulit, Horacio Elbert y Gabriel Horane –conocidos como “los doce” de la Santa Cruz–, se hizo presente una multitud que colmó las inmediaciones de la parroquia a la que acudieron representantes de las Madres, diversas personalidades y legisladores entre las que podemos destacar la presencia de la senadora Cristina Fernández de Kirchner.
“El secuestro, desaparición y muerte de las tres madres, las religiosas francesas, los familiares de desaparecidos y militantes populares que componen este grupo, es uno de los casos emblemáticos que no solo demostró el plan sistemático –por el cual fueron condenados Astiz, Acosta y demás miembros de Grupo de Tareas que llevó adelante el operativo– sino que, con la identificación de los restos que realizó el EAAF en 2005 se pudieron probar, y hoy se aportan al juicio, los vuelos de la muerte. Fueron las tres madres –Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de Devincenti– víctimas de este suceso las que, con su valor y coraje, dieron origen al movimiento de Madres de Plaza de Mayo que luego continuaron sin desmayo y hasta hoy Madres, Abuelas y Familiares.”(4)
Ya hace medio siglo de todo eso y el plan político-económico se repite con total impunidad y esta vez con el amparo de las urnas, aquí y en el “gran país del norte”, lo que significa, para nosotros, que el odio antiperonista continúa cosa que nos obliga a una amplia revisión de lo actuado, sin tapujos ni melindres, con el agravante de que las ambiciones yankees de colonizar el patio trasero se profundizan y doblegan a la producción, desindustrializando lo industrializado, liquidando los saldos a precio de remate y metiéndonos en deudas eternas e impagables.
Sin dejar de reproducir el relato que banque la estructura de la “Memoria, Verdad y Justicia”, conscientes de la “justicia que tenemos” y sin abandonar la discusión sobre la construcción de los cuadros dirigentes, resulta imprescindible trazar el camino a seguir para salir de este Parque Chas político en que nos han sumergido, para que ante un eventual y deseado retorno no tengamos que conformarnos con seguir padeciendo basados en la “pesada herencia”.
1.Fragmento del discurso de Perón del 1º de mayo de 1974
2.Reclamo del segmento ocupado ese día en la Plaza por el ala izquierda del peronismo y Montoneros.
3.“Canal 11 en el tercer peronismo y la dictadura” (Desde Boedo-enero de 2023).
4.“Los doce de la Santa Cruz” (desde Boedo-diciembre de 2017).
