Boedo cumple 48 años

Por Mario Bellocchio |

En conmemoración de los cuarenta y ocho años de la promulgación de la ordenanza Nº 23.698 que delimitó por primera vez los barrios de la ciudad y dio nacimiento oficial al barrio de Boedo

 

garay
Fundación de Buenos Aires, por Don Juan de Garay, 11 de junio de 1580, por José María Carbonero

Junio de 1580. Desde Asunción llega don Juan de Garay y el día 11 funda Santa María de los Buenos Ayres. Una carabela y dos bergantines descienden el Paraná y el estuario del Río de la Plata para trasladar a los sesenta y cinco nuevos pobladores, los elementos de labranza y otras dotaciones de agricultura. Se reúnen con el ganado que había hecho el trayecto por tierra y conforman el nuevo asentamiento. Rodrigo Ortiz de Zárate y Gonzalo Martel de Guzmán –en el primer y remoto antecedente de Rodríguez Larreta– son nominados como alcaldes de la ciudad, que cuenta con su escudo de armas y su cabildo con seis regidores.
Tanto despliegue acredita unos días de descanso en… ¡Mar del Plata! La bitácora de Garay denuncia un viajecito exploratorio, por esos días, hasta el que hoy se denomina Cabo Corrientes. De esta manera, hace cuatrocientos treinta y seis años, Juan de Garay desplegaba el papiro inaugural en el trunco tronco bonaerense y señalaba, dedo índice en ristre, la tierra que iba a ser el hogar de los porteños, totalmente ajeno a las quejas que le endosaríamos cada vez que la humedad nos agobia.

Hace mucho menos –cuarenta y ocho años, para ser precisos– a las autoridades de la ciudad se les ocurrió que había que formalizar una circunstancia vigente de hecho: la divisoria barrial. Y nada mejor que la fecha fundacional del 11 de junio para labrar las actas. Así que, previa fundamentación, rubricaron los límites que cuatro años más tarde –1972– tendrían algún retoque y sanción definitiva.
¡Y había que fundamentar para acordar alambradas! Porque el despliegue de las patrias chicas barriales no era escaso. Hurgar y decidir sobre las chapas fundacionales, culturales y hasta deportivas que justificaran un límite barrial fue la ecléctica tarea que debieron asumir los legisladores. El discurso previo al articulado revela las dimensiones de las amistosas, y a veces no tanto, controversias “aduaneras”.

Buenos Aires, 11 de junio de 1968.
CONSIDERANDO:
Que la Ciudad de Buenos Aires, fundada por Don Juan de Garay el 11 de junio de 1580, ha ido creciendo sin tregua y sin pausa […]
Que, dentro de su dilatada extensión, se han constituido núcleos ciudadanos […]
Que estos barrios ostentan nombres que los distinguen y precisan su ubicación en el vasto ámbito capitalino, que ningún porteño desconoce, a pesar de tratarse de denominaciones fundadas en el uso, la costumbre o la identificación con la parroquia, o con algún edificio notable, o ser recuerdo de la “villa” inicial incorporada en el decurso del tiempo a la ciudad creciente;
Que, no obstante, los barrios porteños carecen de límites exactos, por cuanto se han formado en torno a núcleos primitivos cuyos epicentros, si bien tienen casi siempre características definidas, con su vida propia y sus actividades sociales, culturales, comerciales o industriales peculiares, al expandirse se confunden con los barrios vecinos estableciéndose zonas marginales indecisas;
Que se estima oportuno determinar los límites de los distintos barrios que componen la ciudad a fin de precisar la esfera de acción de las entidades constituidas en ellos, promover el desarrollo de la acción comunitaria en beneficio del progreso y afirmar la perdurabilidad de los nombres caros al espíritu y las tradiciones de la población;
Por todo ello; en uso de las facultades acordadas por la ley 16.897 (B. M. 12.857);
El Intendente Municipal, SANCIONA Y PROMULGA CON FUERZA DE ORDENANZA:
Artículo 1º – Establécese que los barrios que integran la Ciudad de Buenos Aires están comprendidos entre las avenidas y calles que se detallan a continuación:

[…] BOEDO: Av. Loria, Av. Caseros, Av. La Plata, Av. Independencia.

[…] Art. 2º – La presente ordenanza será refrendada por los Secretarios de Obras Públicas y Urbanismo y de Cultura y Acción Social.
Art. 3º – Dése […]
IRICIBAR. – Roberto J. Vernengo – Máximo A. Vázquez Llona. (1)

¿Pero cómo: entonces el Grupo Boedo, los poemas de Manzi y de Centeya, de qué barrio hablaban? El concepto de pertenencia que “barrio” pone en juego, responde más a un análisis sociológico que geográfico. La divisoria del 68/72 se ocupó más de este último que del primero.
¿Y cómo era ese Boedo sín límites demarcados anterior a junio del 68?
El Viejo Gasómetro vibraba con los Matadores cuya pertenencia a Boedo se gritaba como nunca antes.
Se cumplían veinte años del estreno de “Sur” de Manzi y Troilo.
boedo 2En el mapa, los límites actuales surcados por dos ejes –Boedo-Sáenz y Garay-Vernet– que partían en cuatro la superficie, asignaban a las secciones de Registro Civil de San Cristóbal Sud (sic) el fragmento de Saénz-Boedo, Garay, Sánchez de Loria y Caseros; a la de San Cristóbal Norte: Boedo, Independencia, Sánchez de Loria y Garay; a San Carlos Sud (sic): Garay-Vernet, Av. La Plata, Independencia y Boedo; y, finalmente, a Nueva Pompeya: Boedo-Sáenz, Caseros, Av. La Plata y Vernet-Garay.
Ese “reparto” de lo que consideramos nuestro terruño comenzó a tener polos reconocibles en ambiguos términos tales como “alrededores de” o “la zona de Boedo”; y hasta algún osado se animó con la palabreja: “barrio”, saliendo de la velada alusión en la que no quedaba claro si se refería a una avenida o a la zona. Todavía hay quienes discuten si Manzi escribió “San Juan y Boedo antigua” –por la avenida– o “antiguo” –por un barrio aún en ciernes–. La polémica fue dilucidada por Acho, el hijo de Homero, recién en diciembre de 2000, cuando compiló en “Sur, barrio de tango” (2) toda la obra de su padre y trascribió “San Juan y Boedo antigua…” (3) como puño y letra de un Homero de calificativos poéticos atentos que no descartaban la precisión por atender al perfume.
Cierto es que la proyección hacia la primera plana la brindó, indudablemente, la irrupción del Grupo Boedo –o de Boedo como dirían los fanáticos del zonalismo– y su controversia con los de Florida. Siendo ésta una calle, hay razones para suponer que la otra alusión –Boedo– era para la avenida.
El otro polo, que planteaba un límite insoslayable para futuros delimitadores fue el Gasómetro de Av. La Plata. Cuando en la madrugada del siglo XX el tono altisonante del Carbuña Monti imponía: “San Lorenzo, sí, pero que se aclare: de Almagro”, definía una identidad barrial efímera –pero “identidad barrial” al fin– del lugar de origen que sólo quedó en las actas fundacionales y en el nombre oficial de la institución.
Ya en las primitivas reuniones del “Dante” tenía vigencia el mote de Gauchos de Boedo, afincando la pertenencia barrial, para culminar la rúbrica con el visceral ¡Sí, sí, señores, yo soy de Boedo! ¡Soy de Boedo de corazón!
Y los Artistas del Pueblo, la Universidad Popular de Boedo, la Peña Pacha-Camac, el Corso de Boedo; una enumeración que pecaría de taxativa si no advirtiéramos que se alude a las de mayor conocimiento público prescindiendo, por razones de espacio, de un listado más completo.
Boedo: un barrio de estirpe, con identidad desde las primitivas épocas de indocumentado, ya es un adulto que, cercano al medio siglo, está cumpliendo 48 años desde que le entregaron los papeles.

Mario Bellocchio

(1) Ordenanza Nº 23.698 del 25/6/1968, Boletín municipal de la Ciudad de Buenos Aires Nº 13.336, pág. 7428
(2) Manzi, Homero; “Sur, barrio de tango (letras para los hombres)”; selección, presentación y notas Acho Manzi; Corregidor; Buenos Aires 2000.
(3) Pág. 388 de la citada obra.