El “ilustre” Caparrós

Por Mario Bellocchio
Martín Caparrós: “El kirchnerismo deslegitimó cualquier discurso de izquierda, era inevitable que llegara un gobierno de derecha”

El escritor y periodista argentino que acaba de publicar “Todo por la Patria”, una novela ambientada en los años treinta, visita a la Argentina —hace años que vive en España— abandona, momentáneamente, su cómoda atalaya madrileña desde donde observa y sentencia, para vomitar biliosamente sus odios a los de al lado, callando convenientemente su oposición a los de enfrente. Llega de visita a presentar su nueva novela y, de paso, para ser tan reiterativo y generoso en sus epítetos al gobierno anterior como amarrete con las críticas a esta derecha que nos devora hasta el riñón. No fuera a ser que se viera obligado a indagar por qué las izquierdas vernáculas no superan lo testimonial para transformarse en poder, contentándose con trasladarle la culpa al peronismo y sus sucedáneos.

En la tarde de ayer, martes 17 de abril,  Caparrós fue distinguido como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, durante un acto en el Salón Dorado de la Legislatura porteña. La iniciativa fue del vicepresidente III, diputado Roy Cortina (PS), quién opinó que el reconocimiento es “una respuesta institucional ineludible”, ya que su “extenso recorrido” lo transformó, según su opinión, en un “referente intelectual”.

Caparrós desciende momentáneamente del Olimpo para presentar su nuevo libro. Sabe que acá cuenta con el zurdaje trasnochado y el gorilismo autóctono como clientes sedientos de su atractiva verba ambigua. Y que siempre va a encontrar un Roy Cortina dispuesto a propulsar su ilustre coronación.

De qué habló Martín Caparrós: Luciano Sáliche le realizó una entrevista para Infobae en la que el galardonado escritor expuso parte de su pensamiento en cuanto al pasado próximo de nuestro país.

 

(…)  me da la sensación que una parte de este movimiento que está sucediendo ahora en la discusión del derecho al aborto tiene algo muy interesante con respecto a la política que es que ha, por lo menos en buena parte, realineado los bloques y ha, quizá, recuperado lineamientos que se habían desarmado durante el kirchnerismo. Una de las cosas raras que pasaron durante el kirchnerismo, y que a tantos nos hicieron sufrir en esa época, es que gente que supuestamente estábamos de acuerdo en una buena cantidad de cosas descubrimos que ya no estábamos de acuerdo en una cosa lo suficientemente significativa como para dividirnos mucho que era el kirchnerismo o antikirchnerismo. Que era una cuestión idiota porque en general es una cuestión de aceptar o no una retórica con la que muchos habríamos estado de acuerdo si no hubiéramos creído que era una retórica vacía, de que era una máscara, pero con el discurso que muchos de los que estábamos en desacuerdo, y sobre todo de los que estábamos en desacuerdo desde la izquierda, habríamos estado de acuerdo si no hubiéramos desconfiado de su verdad, si no hubiéramos creído que era un truco que usaban para seguir gobernando y seguir produciendo pobres en la Argentina. A lo que voy es que esta discusión del aborto está realineando los bloques y haciendo que sean más parecidos al período pre kirchnerista, antes de que el elefante kirchnerista entrara en el bazar y destruyera alineamientos que son muchos más sólidos. Ahora hay kirchneristas que están en contra del aborto, como su jefa Cristina Fernández, y hay kirchneristas que son más de izquierda y que están a favor. Y hay macristas que están en contra y macristas que están a favor. Y hay radicales… Y se realineó más a partir de estar a favor o no de una medida que desnuda mucho las viejas grandes líneas que dividen nuestra sociedad: el clericalismo, el conservadurismo, el machismo, etcétera, etcétera. Entonces me parece que está siendo un bien a mediano plazo esta discusión, más allá del tema en sí, que es permitirnos recuperar alianzas y cercanías que se habían perdido por la distorsión kirchnerista.

El kirchnerismo ha servido para deslegitimar cualquier discurso de izquierda, entonces más que necesario era inevitable que llegara un gobierno de derecha.

—¿Y creés que fue necesario este giro a la derecha con el macrismo después de tantos años de kirchnerismo para que la sociedad se despierte un poco?

No creo que en la necesidad a priori de nada, aunque se supone que un historiador debería intentar encontrar el por qué era necesario lo que sucedió y no cualquier otra cosa. Pero en todo caso habría que pensar para qué sirve que exista este gobierno: yo no lo sé. Yo escribí en 2010, 2011 o 2009 que lo peor iba a dejar a mediano plazo el kirchnerismo, con el que yo tuvo siempre muchas diferencias, iba a ser que iba a deslegitimar durante mucho tiempo el discurso de cambio y de igualdad social y de justicia, un discurso que pudiéramos llamar de izquierda. Que lo iba a deslegitimar porque mucha gente, con toda justicia, iba a poder decir: “Sí, esto es lo que dicen los ladrones estos. A mí no me vengan con el verso”. Y eso pasó, pasó en la Argentina y está pasando de una manera dramática en Venezuela. La catástrofe es tal que nadie podría haberla imaginado y se le puede atribuir supuestamente a la izquierda porque había un coronel golpista que hacía discursos hablando de socialismos. Yo creo que nada de lo que pasó en América Latina, si se estudian datos, cifras, proyectos y demás, tiene que ver con lo que la izquierda pretendía. Sobre todo en países como Argentina o en países súper autoritarios como Venezuela. Sin embargo sí ha servido para deslegitimar cualquier discurso de izquierda, entonces más que necesario era inevitable que llegara un gobierno de derecha, porque los otros discursos posibles habían sido quemados en la plaza pública por su uso y abuso totalmente despiadado por parte de los así llamados populismos, como el kirchnerismo.

 

Cuesta entender cómo un intelectual de la indudable formación de Caparrós puede aseverar tan livianamente que un grupo de “ladrones” son los responsables de “deslegitimar cualquier discurso de izquierda” sin preguntarse si el “discurso de izquierda” contaba con bases sólidas como para no ser deslegitimado tan fácilmente.

Finalmente no sorprende que Caparrós acuda, solidario, al lenguaje de la derecha más recalcitrante: “nos hicieron sufrir en esa época”, la del kirchnerismo era una “retórica vacía” y su propósito era “seguir produciendo pobres “, “el elefante kirchnerista”, “la distorsión kirchnerista”, aseverar la exclusividad de “el discurso de cambio y de igualdad social y de justicia” como “un discurso que pudiéramos llamar de izquierda”; decir del kirchnerismo “los ladrones estos”, afirmar que “en Venezuela había un coronel golpista que hacía discursos hablando de socialismos”, afirmar  “países súper autoritarios como Venezuela”, sostener que “los otros discursos posibles habían sido quemados en la plaza pública por su uso y abuso totalmente despiadado por parte de los así llamados populismos, como el kirchnerismo”. Al fin y al cabo no extraña que, en estas breves líneas, nombró al kircnerismo trece veces y al macrismo, ninguna.

Oportuna visita de Martín Caparrós. Oportuna para su “ilustre” coronación, oportuna para las arcas de sus derechos de autor.

 

 

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