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Tildar de fallo el fiscalato

Para que el alegato se transforme en fallo falta una enormidad aunque la oposición agite banderas triunfantes y en los cajones de Comodoro Pro la condena se agazape aguardando la hora de asomarse, ese momento que la prensa adicta cree ya vigente. Mario Bellocchio

Alguna vez el acreditado periodista deportivo boedense Alejandro Fabbri creó una memorable diatriba para el clarinista Horacio Pagani: ¡Payaso mediático!

Viendo las retorcidas y amañadas acusaciones del fiscal Luciani pensaba: ¡qué falta te haría un Fabbri, tribunero! Tanto cuidado para la prohibición de la asistencia del público visitante y este vendedor de humo mediático que agita a la única tribuna que lo escucha, la propia, y crea pompas de jabón vomitando sus divagaciones personales al mejor estilo del juez Moro en Brasil para encausar a Lula. “La convicción nacida del conjunto de indicios”. De pruebas ni hablar ¿No?

Si algún velludo selvático cree estar en el Amazonas brasilero se equivoca de medio a medio… Argentina no es Brasil en más de un sentido, aunque no siempre nos sea favorable (no es éste el caso).

Si alguna vez se tuviera que evaluar este juicio a la vicepresidenta de la Nación tomando como base las evidencias y la legalidad argumental no habría modo de sostener cinco segundos la probabilidad de condena. A la etapa investigativa inexistente carente de pericias se agrega la prestidigitación de la fiscalía para acceder a las siniestras pretensiones proscriptivas del “comando mayor” con sede en el “gran país del norte” y sucursales vernáculas.

Los juegos malabares de Diego Luciani rebotan en sus inconsistencias como un pinball desbocado que no puede acceder a los toques productivos y termina conformándose con sumar puntitos leves (léase convencer “cabezas de termo” lábiles a adjudicarle “olor a chivo” al pueblo en la calle).

Los papelones no fatigan

El grotesco de la ruta 288. Resulta que Luciani asevera que se produjo una estafa sobre el presupuestado terraplén rutero en la llanura ya que en las fotografías que exhibió no se advierte la elevación del mismo (mostró fotos ajenas ya que nunca concurrió presencialmente a la obra). Tuvo que intervenir el geógrafo especializado en obras viales Guillermo Sordo*, para explicar que en una llanura no se hace el terraplén por elevación, sino que va bajo tierra para evitar que la traza embalse aguas.

El fiscal evidenció sus carencias investigativas al denunciar la falta de autorización del Congreso a 17 obras viales que sí pasaron por el Palacio legislativo pero bajo otra denominación.

Descubriendo el agujero del mate:

Los fiscales “revelaron” en el alegato que Lázaro Báez y Néstor Kirchner tuvieron relaciones comerciales cuando es público y notorio y no constituye delito alguno. Con contratos en blanco, escrituras y transferencias bancarias. Los Kirchner se dedicaron al alquiler de propiedades desde antes que Néstor Kirchner fuera intendente de Río Gallegos.

“He oído a Horacio Rodríguez Larreta hablar de que quería ser parte de una coalición en el próximo gobierno que salvara al país; yo les digo que el momento es hoy, que no esperen a las elecciones de 2023”.

Den el golpe ahora que nosotros los vamos a apoyar, le faltó decir al embajador norteamericano Marc Stanley, eyaculador precoz de tan desafortunadas declaraciones, colega, casi 80 años después, de otro célebre representante yankee, Spruille Braden. Aquel conspicuo embajador de los EEUU en los años 40 la había emprendido contra el presidente de facto Edelmiro J. Farrel, para disimular su carga de caballería contra la obra de su Secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón, su verdadero objetivo. Así como Braden escribió el “Libro Azul”, Perón tuvo la astucia de “contestarle” con el libro “Azul y blanco” y crear un eslogan célebre: “Braden o Perón”. El resto es una historia que este nuevo “payaso diplomático” quiere reeditar para ver si esta vez sí pueden. Ya no haría falta cañones ni bloqueos, bastaría con un “lawfare” de pacotilla.

El pueblo en la calle es el poder de defensa de sus derechos.

¿Stanley o Cristina?

 

(*) Entrevista de los periodistas Ariel Zak y Juan Amorín.

 

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