Cromañón

EditorialLa ciudadPrimera plana

EDITORIAL. La muerte de 194 pibes el 30 de diciembre de 2004

Un día en que preparábamos el vitel toné para despedir el año 2004, amanecimos con la terrible noticia de que, en un recital roquero, la noche anterior, habían muerto 194 pibes y 1432 resultaron heridos, algunos de tal gravedad que se agregaron prontamente a la lista de decesos.

Había un tipo, Omar Chabán, que propició una serie de locales –Cemento, República Cromañón…– donde las exigencias para las bandas y el público resultaban más accesibles y de inmediato fueron los elegidos por el “rock chabón”, el de los más humildes fans.

En esas precariedades alimentadas por la carencia comenzaron a surgir trasgresiones graves que no se frenaron a tiempo: locales cubiertos habilitados para 1000 espectadores que ponían a la venta –y las agotaban– 3500 localidades. Salidas de emergencia clausuradas con la excusa de que se usaban para introducir “colados”. Sobornos para aprobar inspecciones truchas que, por ejemplo, no advertían que 10 de 15 matafuegos tenían su carga vencida o que se usaban escenográficamente materiales letales en caso de combustión por incendio.

Las bandas nos sentíamos cómodas en Cemento y en Cromañón. ¿No reparábamos en otras cosas? decía Toti, de Jóvenes Pordioseros a la revista Rolling Stones. Antes había que pasar por Cemento para ser alguien en el under. Y ahora tenías que hacerte fuerte en Cromañón, es la verdad. ¿Por qué no lo dice nadie? Porque nadie quiere quedar pegado”.

Una moda futbolera de espacio abierto –el uso de bengalas– iba a resultar el detonante: comenzaba el recital de Callejeros en Cromañón y, desde la tribuna, partió una bengala que impactó en la media sombra del techo –una especie de tela de plástico inflamable–, a su vez apoyada sobre guata recubierta por planchas de poliuretano.

“La espuma de poliuretano, al entrar en combustión, genera cianuro de hidrógeno (ácido cianhídrico), dióxido y monóxido de carbono, mientras que el aislamiento de celulosa produce dióxido y monóxido de carbono. La media sombra originó dióxido y monóxido de carbono y acroleína, aumentando la cantidad de humo y goteando sobre los asistentes ocasionándoles quemaduras.” (datos de ww.es.wikipedia.org).

La edad de las víctimas resulta escalofriante, desde niños y adolescentes a jóvenes que no superaban los 30 años –una niñita de 4 años y un pibe de 6–, a los que se agregan 7 fallecidos más post recital, 2 por secuelas traumáticas y 5 suicidas: dos de 21 años el resto de 24, 32 y 40 años de edad.

Como sucede en estos casos, se produjeron hechos conexos, que dejaron profunda huella social y política: se destituyó al jefe de Gobierno Anibal Ibarra alegando su responsabilidad política en la tragedia y la vida cultural barrial pagó las consecuencias de las exageradas previsiones que adoptaron las autoridades para “curarse en salud”.

A un modesto club barrial como el GON se le “clausuró su pequeño escenario” con la finalidad expresa de que su concurrencia –un máximo de 150 personas– no participaran de una actividad musical para la que se le exigía la presencia en puerta de una ambulancia y personal de guardia de bomberos, condiciones desproporcionadas inaccesibles económicamente para un club barrial de actividades preponderantemente gratuitas. Y así las cosas hasta que los rigores fueron cayendo vía la adaptación de cada circunstancia.

Lo cierto y lamentablemente irreversible fue la pérdida de 201 jóvenes vidas en manos de la imprevisión criminal de los responsables.

Hace ya 21 años del trágico suceso que ostenta el luctuoso record de ser la mayor tragedia de origen no natural de nuestro país y una de las mayores del mundo.

En el fallo final del juicio oral, en la sentencia del caso, el tribunal se expidió con el siguiente texto: “Sí hemos podido extraer una conclusión: que la banda toleraba el uso de pirotecnia. Ello así, pues su empleo en los recitales fue siempre una constante y nada serio se hizo para evitar que esa práctica cesara definitivamente.”

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