“Decimos NO al Voto Electrónico”

Lapidarias conclusiones para un atractivo y rentable –para sus fabricantes–, sistema que solo puede garantizar la rapidez del recuento, nunca su transparencia.

 

Declaración de científicos argentinos:
“Decimos NO al Voto Electrónico” 
Los abajo firmantes, departamentos universitarios e institutos de investigación de informática, computación y sistemas deseamos comunicar a la población nuestra preocupación por el proyecto de boleta única electrónica que se discute actualmente en el Congreso de la Nación. 

Como expertos en informática, como docentes e investigadores que dedican su tiempo, su pasión y su energía a esta disciplina creemos que la tecnología tiene mucho para aportar a la sociedad. Sin embargo, también conocemos sus limitaciones y por eso somos conscientes de que es prácticamente imposible construir sistemas que brinden máximas garantías de inviolabilidad como las que requiere un sistema de votación.

El proyecto de ley actualmente en debate en el Congreso de la Nación pena con años de cárcel el estudio o análisis de estos sistemas para encontrar vulnerabilidades, paso sin el cual no es posible mejorar ninguna implementación. De ser aprobada esta ley no tendremos posibilidad de investigar su funcionamiento y podríamos llegar a ser tratados como criminales sólo por hacer nuestro trabajo.

Aun los sistemas más auditados del mundo tienen fallas que permanecen sin detectar durante muchos años. En un sistema de votación, estas fallas podrían permitir adulterar los resultados (especialmente en elecciones reñidas) o identificar a los votantes. Una auditoría de seguridad del software y del hardware involucrados en un sistema electoral requiere largos periodos de tiempo a manos de un grupo de expertos y luego algún mecanismo electrónico que permita verificar que en cada cuarto oscuro tanto el software como el hardware se corresponden exactamente con el que ha sido auditado, ya que cualquier pequeño cambio podría alterar su comportamiento de forma maliciosa. Este tipo de verificación resulta inviable en la práctica.

Cualquier máquina de votación, incluso una simple impresora, es un dispositivo programable que cuenta con memoria, lo que podría permitir múltiples mecanismos de identificación de votantes o adulteración de resultados, algo sobre lo que hay sobrada evidencia internacional.

Por estos motivos son sólo una minoría los países del mundo que utilizan dispositivos electrónicos en su sistema de votación, ya que la complejidad que tiene la tecnología por sí misma elimina la posibilidad de control que debería poder ejercer cualquier ciudadano. En consecuencia, solicitamos al Congreso de la Nación que no autorice la utilización de equipamiento informático para emitir los sufragios.

Firmantes

Sección de Computación, FaMAF, Universidad Nacional de Córdoba; Depto de Computación, FCEyN, Universidad de Buenos Aires; Departamento de Ciencias de la Computación, Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura, Universidad Nacional de Rosario; Departamento de Computación, Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales, Universidad Nacional de Río Cuarto; Instituto UBA/CONICET de Investigación en Ciencias de la Computación; Facultad de Informática, Universidad Nacional del Comahue; Centro Internacional Franco Argentino de Ciencias de la Información y de Sistemas (CONICET/UNR).

 

ADHESIONES
https://voto.dc.uba.ar/

 

 

Invitación al fraude 
Lapidarias conclusiones para un atractivo y rentable –para sus fabricantes–, sistema que solo puede garantizar la rapidez del recuento, nunca su transparencia. Por Mario Bellocchio

“No podemos seguir contando boletas hasta cualquier hora, no existe en el mundo esto”–declaraba a la prensa Horacio Rodríguez Larreta.

La realidad lo contradice. Solamente en seis países se ha implementado hasta ahora el voto electrónico: Bélgica, Estonia, Brasil, Estados Unidos, Venezuela e India. Y tanto en Bélgica como en los Estados Unidos de Norteamérica no se utiliza en todos los casos, sino parcialmente: en un 67% en la nación europea y en un 35% en USA. Mientras tanto en Estonia tiene la particularidad de que, quienes lo prefieran, pueden seguir utilizando boleta de papel, es decir que el “e-vote” no es obligatorio.

O sea: Sr. Jefe de Gobierno, eso de que “en todas partes del mundo” se usa el voto electrónico no es verdad y huele, desde lejos, a una imposición más susceptible de ser vulnerada.

Tampoco es verdad que los países más desarrollados empleen este sistema. Más aun, los países de mayor relieve que utilizaron el sistema terminaron prohibiéndolo: Alemania, Holanda, Noruega, Irlanda, Reino Unido y Finlandia –nada menos– se inscriben en esa lista y, ante esa experiencia, Suecia decidió no intentarlo siquiera.

El 6 de marzo de 2017, Francia anunció que por razones de ciberseguridad se derogaba la disposición de 2003 que disponía el voto electrónico para las elecciones legislativas

En Holanda donde regía el voto electrónico desde 1965, luego de la detección de fraude en las elecciones comunales de 2006, se dispuso el regreso de la boleta de papel, y la elaboración de un estudio a cargo de científicos especialistas en computación, redes y seguridad informática (entre otros) analizando las ventajas y desventajas del sistema.

Parte de las interesantes conclusiones a que arribaron los científicos señalan que “Cuando se usa el e-voting es más sencillo lanzar un gran ataque, un fraude de grandes proporciones porque los mismos sistemas y el mismo software es usado a lo largo de todo un país”.  “Por lo contrario, para manipular votos hechos con papel al modo tradicional, un atacante tendría que manipular muchos lugares de sufragio. Y eso nos lleva al tema de la cantidad de personas cometiendo fraude: en el caso del fraude electrónico, un pequeño grupo de atacantes pueden cambiar el curso de una elección, mientras que para lograrlo votando con boletas impresas, se precisan grupos más grandes”.

 Lapidarias conclusiones para un atractivo y rentable –para sus fabricantes–, sistema que solo puede garantizar la rapidez del recuento, nunca su transparencia.