Acá estamos…, rebotando.

Acá estamos…, rebotando. Intentando hacernos de una rutina que nos arranque el vacío.

Aprendiendo a sabernos en un mañana incierto que nos ata a estar acá.

Solamente acá.

Aprendiendo a no saber.

Estallados.

Desorbitados por una realidad que tiene de todo menos de real.

Respiramos una ficción apócrifa; una cotidiana con olor a Huxley.

Un encierro hogareño con sabor a destierro.

Porque estamos sobre todo desterrados de todo aquello que entendíamos como definitivo.

Exiliados de eso que comprendíamos como normal.

Y acá, en este encierro borroso, nos atropellamos entre películas y ruido en el intento desesperado de encontrarnos con algo que nos recuerde que todo puede volver a ser normal. Nos sentamos a esperar.

Y en esta espera fría que hace del abrazo de los otros un recuerdo sepia, los días tienen una dimensión distinta.

Cada hora ésta hecha de retazos de nuestra más íntima soledad.

Deberemos reinventarnos.

No compulsivamente ni para tapar ningún llanto; sino reinventarnos de verdad. Reinventar nuestro silencio, nuestra espera y hasta nuestra soledad.

Sabernos capaces de navegar nuestros huecos.

Hoy…, que no sabemos de mañana. Sabemos eso.

Sabemos hoy.

Tendrá que alcanzarnos.

 

Pablo Damián Bellocchio