Simoncini, aquella TV en blanco y negro

El sábado 29 de agosto, a los 97 años, murió Pedro Simoncini (1), uno de los precursores de la televisión abierta en nuestro país a partir de la apertura de Teleonce, el 21 de julio de 1961. Mario Bellocchio

Simoncini había nacido en Nápoles, Italia, en 1923 y llegó al país con solo un año de vida. Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, aunque su ingreso en el mundo de la televisión lo convertiría en uno de los empresarios más importantes de ese rubro más allá de sus dotes de legista.

Durante los diez primeros años del Canal –1961 / 1971– fue director general de Teleonce hasta que la empresa pasó a manos de Héctor Ricardo García.

En aquellos primeros años de amateurismo televisivo todo se transformaba en una nueva experiencia, un juego de ensayo y error que fue dando las pautas a seguir “basados en”. Los muchachos llegados del 7 aportaban su creatividad y los ángulos múltiples simultáneos de las tres cámaras y el “switcheo” –la botonera– desautorizaban hasta a los más brillantes puestistas de teatro. Los desorientaba que el estático espectador se trasladara de una lente a otra mediante el mágico “ponchado” del director de cámaras: eso lo hacía el cine, pero parando y reubicando la toma. Así que ni el cine servía de base a esta innovación… Allá estábamos en esos años bajo la batuta de Simoncini en la conducción de una empresa en la que todos los días había algo que aprender para evitar que los gruesos cables coaxiales de cámara terminaran ahorcándonos.

En 1965 las cosas no venían demasiado bien para Teleonce. Todos los demás canales ya tenían el video tape –la grabación magnética en cinta abierta– y el canal del Leoncio, aun no. De manera que Simoncini tomó la decisión y consiguió el equipamiento de las costosas máquinas Ampex que nos pondrían a tiro de competencia.

Eran tiempos en que si algo sucedía, un olvido de letra, un “furcio” feo o cualquier otra equivocación en el programa en vivo no había manera de arreglar la macana. Cuando llegó el videotape los actores y locutores dejaron, consciente o inconscientemente de lado la tensión de la equivocación, podía palparse cierto relajamiento –total, se puede repetir y ¡listo!– y hubo hasta algún “divo” que exigió la repetición plantando la grabación con un infranqueable “vamos de nuevo” en cámara. Lo peor es que no había lugar a la compaginación: iba toda la escena de nuevo y aquellas jornadas de estudio se hacían interminables.

Era 24 de diciembre y la grabación de un teleteatro ya se había excedido de su horario de finalización –a las dos de la tarde– unas tres horas y quedaba más por hacer. Entonces este pendejo “revolucionario” decidió, en un parate de la grabación, irse a su casa con su familia. Ni bien llego, me dice mi esposa: una llamada para vos, y me alcanza el teléfono: –Hola Mario ¿Cómo le va? –bien, pero ¿quién habla? –Pedro Simoncini. No lo podía creer, pero era su voz y no se me ocurría que pudiera ser una broma. Sí, doctor…, lo escucho. Vea Mario: yo comprendo que es un día especial, que todos estamos urgidos por estar con nuestras familias, pero esta grabación tenemos que terminarla hoy imprescindiblemente y no tengo a nadie de sus quilates de cameraman para reemplazarlo. Si usted se pudiera acercar en un ratito terminamos y nos vamos a compartir la mesa familiar ¿Me da ese gusto? –Cuente conmigo, doctor, estoy yendo. Y el gremialista en ciernes, allá partió con la cabeza gacha, culposo (aunque argüía sus razones), laburó un par de horitas más y regresó a casa a las 9 y pico de la noche. A las once y media, Pedro Simoncini recibía una llamada del “aquilatado” camarógrafo de Teleonce saludándolo por la próxima Navidad.

A Simoncini se lo reconoce mundialmente como un pionero de la televisión y cuenta con miles de anécdotas de su fecunda trayectoria, entre las cuales, en algunas más y de mayor importancia, yo participaría en el futuro. A mí, sin embargo, déjenme recordarlo por aquel 24 de diciembre en que desde su teléfono de gerente general le pidió humildemente a un vehemente joven cameraman, ayuda para finalizar la grabación de un teleteatro.

Mario Bellocchio

 

(1). Entre 1974 y 1980 fue presidente de la Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas (ATA). Entre 1975 y 1998. fue presidente del Canal 5 de Rosario y otros del interior, lo que lo llevó junto a varios empresarios del rubro a fundar Televisión Federal S.A. empresa que, como debut, decide presentarse y se adjudica, en 1989, el Canal 11 de Buenos Aires –hasta entonces Teleonce, de ahí en más Telefe–. Simoncini asume como socio fundador y presidente del Directorio desde 1989 hasta 1993.

Ya en 1978 había creado Programas Santa Clara S.A., la primera distribuidora y productora de programas culturales, documentales y educativos para TV.; En 1992 inaugura TV Quality, primer canal de documentales productor para Cables de Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile; Desde 1994 se incorpora Educable, primer servicio privado Multimedia de Educación a distancia; Director del Fondo Nacional de las Artes 1997/2000; Miembro vitalicio del Consejo Internacional de la Academia de Ciencias y Artes de la Televisión (Estados Unidos); Miembro de Número del Instituto Internacional de Comunicaciones (Londres); Miembro de la Academia Nacional de Educación, Argentina.

Por su actividad, ha sido distinguido con reconocimientos de diversas organizaciones y entidades públicas y privadas. En múltiples oportunidades ha sido invitado a disertar sobre temas vinculados con la televisión, la educación, publicidad, y medios de comunicación en general.