Scalabrini: periodismo ayer y hoy

una prensa rica en un país pobre es un absurdo que se paga caro alguna vez

Por Edgardo Lois

En la nota aparecida en Desde Boedo en abril contaba de mi asombro ante el descubrimiento de la sociedad del “no te metás” descripta por Raúl Scalabrini Ortiz en su libro El hombre que está solo y espera, publicado en 1931. Hacía en la nota un resumen de la vida de Ortiz, que reitero a continuación: Quién fue, quién es Raúl Scalabrini Ortiz. Un pensador, un escritor, entre otros tantos títulos, nacido en Corrientes en 1898 y muerto en Buenos Aires en 1959.

Anoto que muerto de muerte relativa para este habitante de la memoria, este buen fantasma que, a través de su pensamiento, no deja de señalar el lugar donde juegan a la Solapa una cantidad de Mandingas que se han robado el intento de vida digna en esta patria nuestra.

Cercano a la Revolución Rusa en 1919. Se acercó al grupo de escritores de Florida. Cambiaba figuritas con Borges y Mallea. No lo convencía Hipólito Yrigoyen, pero después, con la Década Infame en el ambiente, le sacó punta al lápiz de sus ideas, y la emprendió con el estudio de la realidad argentina. No solo ejerció la crítica al sistema, además fue parte del levantamiento radical de 1933. Terminó en Martín García, y luego de salida, primero a Italia, luego Alemania, donde escribió notas que luego fueron publicadas en La Gaceta del Sur y que después darían forma a su libro Política británica en el Río de la Plata. A su regreso al país en 1934 escribe en Señales, donde conoce y se hace amigo de Arturo Jauretche. Son los tiempos de Forja. Sus temas: el imperialismo económico, los ferrocarriles, la deuda externa, el petróleo. Defendió la neutralidad frente a la II Guerra; fundó Reconquista, publicación en la que jugó su dinero y que no pudo sostener. Se alejó de Forja cuando ésta vio con buenos ojos la revolución del GOU en 1943. Fue testigo del 17 de octubre. Escuchó y apoyó de manera crítica a Perón.

Desde el diario El Líder se opuso a la Fusiladora. Luego apoyaría la candidatura de Arturo Frondizi, de quien se aleja cuando éste, en contra de todo lo prometido, firma la entrega del petróleo nacional a Estados Unidos.

Seguí leyendo a Scalabrini Ortiz y su trabajo otra vez alumbra el camino por donde deriva la patria. En El hombre que está solo y espera va desde sus días hacia nuestro pasado cercano, y con Política británica en el Río de la Plata (1940) señala nuestro presente. En el capítulo El periodismo, instrumento de la dominación británica, el autor habla de los lectores: (…) Esos lectores no han comprendido aún que el periodismo no es más que una expresión del estado del país.(…)

Todos olvidaron que la prensa es una traducción visible de las fuerzas económicas, cuando el espíritu que podría vivificarla es débil. Olvidaron que una prensa rica en un país pobre es un absurdo que se paga caro alguna vez.

Pienso en tanto laburante pobre que vi sentado en el colectivo leyendo Clarín: (…) Era una escena que se prestaba a muchas meditaciones, ver a un paisano andrajoso de La Rioja, de Catamarca o de la serranía cordobesa, montado en un burrito desmirriado, con un ejemplar de setenta y cinco páginas de La Nación o de La Prensa, bajo el brazo.

Escribe Scalabrini en su libro: (…) La prensa argentina es actualmente el arma más eficaz de la dominación británica. Es un arma traidora como el estilete, que hiere sin dejar huella. Un libro es siempre un testigo de lo que afirma. El libro permanece, está en su anaquel para que lo confrontemos y ratifiquemos o denunciemos sus afirmaciones.

El diario pasa. Tiene una vida efímera. Pronto se transforma en mantel o en envoltorio, pero en el espíritu desprevenido del lector va dejando un sedimento cotidiano en que se asientan, forzosamente, las opiniones. Las creencias que el diario difunde son irrebatibles, porque el testimonio desaparece.

Los que hemos seguido atenta y apasionadamente la marcha de nuestro periodismo, nos asombramos de su extraordinaria docilidad, nos asombramos de la disciplina con que obedece a la voluntad británica. En un ámbito en que suelen pulular los inmorales y los que aprovechan de los delitos ocultos para mercar su silencio, es curioso que nadie haya intentado, al menos simulado, atacar esos intereses con el bajo propósito de lucrar luego con su disimulo.

A la sombra de la Segunda Guerra Mundial: (…) El 15 de octubre de 1939, la Federación Universitaria Argentina, el organismo más importante de nuestra juventud estudiosa, produjo un manifiesto de carácter trascendental. La Federación Universitaria Argentina proclamaba allí su voluntad de permanecer apartada de la contienda europea. Con un claro sentido de su responsabilidad, muy comprensible, por cierto, puesto que serían los estudiantes las primeras víctimas de una política internacional equivocada, la Federación Universitaria abogaba por el mantenimiento de la neutralidad a toda costa. Un manifiesto de esta índole es un documento de carácter histórico.

La juventud es lo más próximo al espíritu de un pueblo. Es la parte de un pueblo que está casi enteramente desvinculada de presiones ajenas a su propia pasión.

Es el deseo y la posibilidad de un altruismo no maniatado por ninguna especulación materialista. La parte más intelectualmente selecta de lajuventud argentina hablaba, con alto timbre de patria, para proclamar su repugnancia a todo lo que pudiera aparecer como un acercamiento a la catástrofe.

Ese documento de primer orden fue remitido a los principales diarios del país con la pertinente nota en que se solicitaba su publicación.

Y ese documento no fue publicado por ninguno de los diarios que a sí mismos se adjudican a cada momento epítetos laudatorios referentes a su honradez de información. El manifiesto de la Federación UniversitariaArgentina no fue publicado ni por La Nación ni por La Prensa, menos aún por ninguno de los diarios menores. Ni un resumen, ni una noticia, siquiera. Ni una línea. Nada, absolutamente.

Cierra el autor el capítulo:

Dejamos para el lector la conclusión, por cierto pavorosa, que resulta de la unión de estas dos actitudes de nuestro periodismo máximo. Por un lado, acalla las voces que se alzan a favor de la neutralidad, y por el otro, instiga para que adquiramos una flota mercante que servirá de elementode provocación.

Estas dos actitudes, aparentemente tan alejadas una de otra para el lector común, demuestran que nuestra prensa está trabajando con sinuosa habilidad en pro de la intervención “activa” de nuestro país en la contienda.

Después comenzó a actuar la propaganda de guerra. El oscuro sentimiento de animadversión se fue transformando en algo muy parecido al odio. El amor a la democracia renació hasta en los más declarados enemigos de la democracia. Amar a la democracia comenzó a no ser incompatible con el fraude, con el dolo y con las dictaduras prácticas que sufrimos. Amar a la democracia dejó de ser una expresión de orden interno y comenzó a ser una simple manifestación de adhesión a Inglaterra.

La frase misteriosa que pronunció el doctor Ortiz en su primer mensaje a las Cámaras, adquirió un sentido más preciso: “Los partidos no son nacionales, son internacionales”.

Una receta posible para el lector: cambie los nombres de los jugadores, mezcle con odio, dolo y pragmatismo al servicio del poder de turno, y lea bien en presente. Sepa el lector que nada nuevo había bajo el sol. Solo regreso a la conveniencia.

 

Edgardo Lois / Agosto 2018 / Gualeguay

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