Presidenta

Por Mario Bellocchio. En estos días circula en las redes sociales un mensaje de una presunta profesora que enarbola sus “conocimientos”  sobre el uso del término “presidenta”.

Como militante activo del correcto uso del idioma y defensor de la ponencia sobre los excesos que se cometen con el lenguaje cuando se pretende defender a la mujer con arrobas (@) y equis (x) en ristre, transité los primeros conceptos de la proclama que tenía el inconfundible tufillo de la arrogancia que se aloja junto a la “grieta”.

Así y todo, digerí la primera andanada. Dice la “profe”: 

“En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a éste la terminación “ente”.

Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.” 

Nunca digas nunca, me dijeron alguna vez y razón tenían. Como buen señor que tipea desde los tiempos de la “Lexicon80” cuando los teclados no eran aptos para el leve “touch” sino para el martillazo fervoroso, tengo un diccionario impreso de la RAE –que sustituyó al viejo “monotomático”–, la XXII edición de 2001, que en su página 1240 del tomo 8º dice: presidenta: f. Mujer que preside.|| 2. presidente.(||cabeza de un gobierno, consejo, tribunal, junta, sociedad, etc.).|| 3. presidente (|| jefa del Estado). || 4. coloq. Mujer del presidente”.

Y ante este duro revés de la presunta lingüista, qué hacer ahora con su retahila de cuestionamientos no aplicables al eje de su prédica. Porque, convengamos: el objetivo era el uso “incorrecto” de “presidenta”, no otra cosa. El resto de su argumentación pedalea en el aire en vana búsqueda de auxilio:

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“Y ahora, la pregunta –finaliza– nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son ‘periodistos’), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la gramática de la lengua española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores)”.

Mostrada palmariamente la hilacha mientras pretende adjudicar “mal uso de la lengua por motivos ideológicos”, qué mejor que utilizar argumentos totalmente ajenos a los “participios activos” pero vinculados al ridículo en su pretendida adjudicación de género: “Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto…”.

Sí, de acuerdo. Y qué tiene que ver esta graciosa retahila con “ente”, presidente y presidenta?

No conforme con la visita al mataburros que, a fin de cuentas sólo zanja la “legalidad” idiomática –si es que eso existe– del uso de la palabra “presidenta”, sentí la necesidad de saber si estos intrincados argumentos de los participios activos son tal como esta “doctorada” en letras nos lo cuenta. Porque su exposición se fundamenta en que

  1. el participio activo del verbo ser es ente,
  2. que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
  3. que dicha terminación se toma de ente porque éste denota entidad o significa ‘el que es’.

Sin embargo:

  1. El participio activo del verbo ser, no es ente.
  2. La terminación –nte no procede de ente.
  3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser.

Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora.

(Para quienes deseen ahondar sobre el tema en https://www.fundeu.es/ se puede encontrar fundamentado material.)

“Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hace falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden”.

 El paso de los siglos dio a la Real Academia Española (RAE) la sabiduría necesaria para no permanecer encriptada y adaptarse a los usos y costumbres de sus hablantes (Llegó a aceptar plurales que escandalizaron a conchetas y refinados de todo el orbe hispanoparlante como “ajises” y “manises”).

Aunque ya no se dice “Cosas veredes, Sancho, que non crederes”, sigue teniendo vigencia, sobre todo en modificaciones sociales y del lenguaje, “Verás cosas, Sancho, que no podrás creer”.

 

 

 

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