Populismo ¿Mala palabra?

Lo que quieren hacernos creer desde las clases dominantes. Por María Virginia Ameztoy

¿Qué es populismo?: en boca de dirigentes y personeros del discurso neoliberal el término es utilizado ni más ni menos que como un insulto que pretende agraviar a lo popular, en definitiva, a los pueblos, a quienes desprecian y se sienten con derecho de someterlos, sojuzgarlos y reprimirlos.

Los voceros de la derecha neoliberal y los medios que difunden su “ideario” no se cansan de hablar de “populismo”, advirtiéndonos  sobre los peligros que puede causar, como si se tratara de una epidemia que pone al mundo al borde de la aniquilación.

En la ciencia política, sin embargo, el concepto populismo se utiliza desde fines del siglo 19 con referencia a una corriente progresista y de defensa de lo nacional.

Ernesto Laclau, (1935/2014) filósofo argentino de gran prestigio académico internacional, propuso para el concepto un significado positivo.  En uno de sus últimos trabajos, Sobre la Razón Populista (2005), Laclau utilizó el término para referirse a los movimientos populares opuestos a la dominación hegemónica del liberalismo occidental. “El populismo comienza allí donde los elementos popular-democráticos son presentados como una opción antagonista contra la ideología del bloque dominante”.

Laclau afirma que el populismo permite la participación en la redistribución de recursos de sectores cada vez más amplios de la sociedad. Quizá por esta razón el concepto ha sido y es tan demonizado por el neoliberalismo, que lo tacha de demagógico y desestabilizador de las “repúblicas democráticas”, ya que, para el capitalismo concentrado y hegemónico, induce al “derroche” que produce lo que denominan “gasto” social, es decir la inversión en políticas que conducen a la ampliación de derechos de los sectores medios y de los más postergados. En este sentido el populismo reivindica el rol del Estado y es bien sabido que a los gobiernos neoliberales sólo les interesa el Estado para despojarlo en beneficio de sus propios intereses.

Porque el neoliberalismo es una política económica que apela a un Estado mínimo, que deja al libre mercado capitalista financiero como única garantía para el crecimiento económico de un país, atendiendo solo a las variables macroeconómicas del Estado, en detrimento de la intervención en la esfera microecónomica y es además un proyecto profundamente conservador en lo político. Los grupos dominantes del neoliberalismo están conformados por grandes empresarios coadyuvados  por miembros de algunos partidos políticos los  que someten al resto de los ciudadanos. Y utilizan a los medios hegemónicos de comunicación para hacerles creer que las medidas que implementan se toman por el bien común.

Por esto cuando se deciden a desprestigiar a cualquier gobierno contrario a sus intereses lo acusan peyorativamente de populista. En boca de dirigentes y personeros del discurso neoliberal el término es utilizado ni más ni menos que como un insulto que pretende agraviar a lo popular, en definitiva, a los pueblos, a quienes desprecian y se sienten con derecho de someterlos, sojuzgarlos y reprimirlos.

Como bien afirma Jorge Alemán “… nadie se reconoce como ‘neoliberal’, todo el mundo es un demócrata que cumple con la obligación de construir un círculo inmunitario frente al hecho maldito del ‘populismo’” [1].

[1]. Contratapa de Página|12, domingo 6 de mayo de 2018.

 

 

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