Pipi: adiós al ídolo

Finalmente, a 20 años de su debut –el 13 de diciembre de 1998, cuando el “Cabezón” Oscar Ruggeri lo hizo entrar contra Racing a los 17 años– el Pipi tuvo su fiesta de despedida.

Todos los calificativos de la emotividad se agotaron en el Nuevo Gasómetro donde el partido que disputaron con camiseta negra –número 10 todas y con la figura de un cuervo– los Amigos del Pipi, contra –es un decir– un rearmado del equipo campeón de América, fue sólo una excusa con back ground de fútbol que el acontecimiento imponía y que terminó 8 a 7 en favor de los “Amigos”.

Un importante representativo del Campeón de América 2014

Los Campeones –camiseta azulgrana clásica– contaron con la participación  de Torrico, Piatti, Cetto, Ortigoza, Mercier, Fontanini, Elizari, Voboril, Prósperi, Kalinsky, Matos, Cauteruccio y Villalba y alguno más que no registré, más Coloccini y Blandi desde el banco.

Para los Amigos fue tal la masividad de jugadores que en algún momento del partido, en los asíduos relevos, hubo “permisividad” de Carlos Maglio –el cuervo árbitro– para que los más veteranos dispusieran de 13 jugadores en cancha. No se privaron de mostrarse: Saja –muy ovacionado al ser presentado– el Beto Acosta –muy activo y goleador a pesar de sus canosos 52– el infaltable Pipo Gorosito, Berni Romeo, el Pocho Lavezzi, el Pipa Estévez, Chatruk, el arquero Ramírez y siguen las firmas en un listado interminable…

En el segundo tiempo hubo renovadas participaciones como la de don Atilio, el papá del Pipi, emocionado abrazo con el “pibe” y hasta el lujo de convertir un gol.

Hubo lugar para algunas escenas de lucimiento muy festejadas por la parcialidad –única y más cuerva que nunca–. Tipos que se la tomaron totalmente en serio como Nacho Piatti, autor de un golazo. Un remedo de dirección técnica de Ruggeri-Insúa sobre los “Amigos” y del Patón Bauza –aclamado por la tribuna que no olvida la Libertadores– sobre los “Campeones de América”. Goles del Pipi –tres– dos para los Amigos –uno de ellos un golazo sin concesiones visibles a su marca– y otro para los Campeones –cambió de equipo en el primer tiempo.

Después, todo después, para un ídolo que, se sabe,  todo su después se concentra en la gloria de su recuerdo y que la ceremonia consiste en un presente volátil, efímero, derramado de emoción con el fondo tribunero de ¡Pí-Pí…, Pí, Píiii!! Y el del fervor cuervo inclaudicable de Vicentico a quien nadie se molestó en presentar –quizás el único error de producción notable para la transmisión televisada– mientras el extenso Parnaso de ídolos azulgarana se disputaba el abrazo con el homenajeado.

¡Chau Pipi! Tus glorias futboleras quedaron atrás y son imborrables. Comienza otra “gloria” con la que podremos convivir los cuervos contemporáneos.

 

 

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