Monarriz, afuera

Monarriz “renunciado” en San Lorenzo…Y el hilo se sigue cortando por lo más delgado… Mario Bellocchio

Suele decirse que cuando comienza a desgobernarse el vestuario es más fácil despedir al entrenador que deshacerse de 25 o más jugadores. Es un aforismo que puede resultar un disparador  teórico sobre los causales de discordia en el plantel, origen de controversias donde siempre empatan –en desacuerdo– opiniones y opinantes.

Otra de las verdades futboleras que se obstinan en conservar vigencia es aquella de “cuando los resultados no se dan…”. Y si no se dan y coincide con que el equipo juega mal y los jugadores no se llevan bien entre sí o con el entrenador, el coctel se vuelve una Molotov que estalla por el lado más vulnerable: el técnico.

Estaba Pipo –Gorosito– en las gateras cuando Monarriz, cubriendo suplencia, sorprendió con su novedad al cotizado Argentinos Juniors con un contundente 3 a 0. Consecuencia: la dirigencia que enfrentaba problemas para la contratación de Pipo, se decidió por darle continuidad a Diego, un hombre “de la casa”. Monarriz , advertido de la debilidad que le costó la continuidad a Pizzi, su antecesor –fútbol de ataque con flaquezas defensivas–  eligió abroquelarse para la contra: un estilo que precisa contar en el medio campo con jugadores que no tiene: gente que pare al adversario en su ambular por el círculo central que este San Lorenzo sólo sabe transitar en maniobras de ataque y en posesión del balón. ¡Ah! ¿También hay que quitársela al adversario en ese sector?

Así, hasta en los partidos triunfales, debimos soportar asedios descomunales y contar con Torrico y con la suerte para mantener el escuálido 1 a 0 –River, Vélez– y erigirnos en perdedores cuando los que la embocan primero son los de enfrente –Talleres, Newell’s, Racing– porque entonces hay que priorizar el ataque, los pelotazos tienen que ser de una precisión quirúrgica y no contamos con “cirujanos”.

Claro que Monárriz se encontró con un plantel que, seguramente él no habría elegido. Un plantel que ya venía con vicios de incorporaciones anteriores: los “negocios” de Almirón, los golpes de timón de Pizzi que no llegaron a tiempo y terminó chocando con el iceberg… En ese sentido Monarriz con un par de ascensos de las inferiores y confirmaciones de “viejitos”, dejó claro que lo que más le faltó fue “espalda” para contener la testosterona de la pendejada puertas adentro y que respetaran su plan de juego con convicción. No fue eso lo que pasó frente a Racing. Como se le mancó el as de espadas de su plan de ataque –Gaich hizo todas, hasta las más sencillas, mal– y las alternativas a ese “punta” para llegar no funcionaron, Racing manejó la pelota a su antojo…, y Monarriz abdicó instado por el capo di tutti gli capi.

Así las cosas, los nubarrones que se ciernen sobre el Ciclón son tan negros como el cuervo que le da nombre. En el “mientras tanto” Pipi Romagnoli, Beto Acosta y Hugo Tocalli se hacen cargo del enfermo en terapia por las dos fechas que faltan. Mauricio Pellegrino suena como primer candidato. Dirigió Estudiantes (2013-2015), Independiente (2015-2016), el Deportivo Alavés (España, 2016-2017), el Southampton (Inglaterra, 2017-2018) y el Leganés (España, 2018-2019). Pipo Gorosito, quien se desvinculó de Tigre, también figura en la lista. Sería interesante que se tuvieran presentes en la lista de incorporaciones, a sensatez y equilibrio, dos valores primordiales para empezar a sumar puntos indispensables. Se viene un año con agudos problemas de promedio y no estamos para locuras.