Los cantores de tango y el cine argentino

CALLEJEANDO HISTORIA

Tango y cine argentinos, un origen común IV. Los cantores de tango y el cine
Por Diego Ruiz

La participación de los cantores de tangos en el cine tuvo, en sus comienzos, un grave impedimento: ¿quién se atrevía a ocupar el lugar de Gardel? Mientras el astro vivía, dos grandes intérpretes habían cantado en sendos films: Ignacio Corsini en Ídolos de la radio (Eduardo Morera, 1934) y Agustín Magaldi en Monte criollo (Arturo Mom, 1935), pero su muerte frustró su primer largometraje en la Argentina, El caballo del pueblo (Manuel Romero, 1935), debiendo ser reemplazado por un joven chansonnier llamado Juan Carlos Thorry.

Juan Carlos Thorry, Hugo del Carril, Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche

Es cierto que Charlo intervino en Puerto Nuevo (Amadori-Soffici), Ernesto Famá en Loco lindo (Arturo Mom), ambas de 1936, y Carlos Dante en Muchachos de la ciudad (José Negro Ferreyra, 1937), pero hubo que esperar el debut de Hugo del Carril en Los muchachos de antes no usaban gomina (Manuel Romero, 1937) para encontrar una figura con la suficiente densidad para ocupar el vacío dejado por el Mudo, hasta el punto de personificarlo en La vida de Carlos Gardel (Alberto de Zavalía, 1939).

Por otro lado, muchos cantantes –los llamados “estribillistas” de la época, como Thorry– se volcaron rápidamente a la actuación desarrollando, en algunos casos, importantes filmografías como es el caso de Santiago Arrieta, con 26 títulos como El alma del bandoneón (Mario Söffici, 1935),  Los muchachos de antes no usaban gomina, Nativa (Enrique de Rosas, 1939) e Historia del 900 (Hugo del Carril, 1949); Agustín Irusta -el recordado integrante del trío “Irusta-Fugazot-Demare”- participó en 12 películas, algunas importantes como Nobleza gaucha (Sebastián Naón, 1937) y Fortín Alto (Moglia Barth, 1941) donde compartía rubro con Ignacio Corsini, ambas con temas musicales de Sebastián Piana y Homero Manzi, y Puerta cerrada (Luis Saslavsky, 1939) donde acompañaba a Libertad Lamarque; por su parte, el multifacético Charlo (Carlos Pérez de la Riestra) intervino en cinco films, entre ellas El alma del bandoneón, Puerto Nuevo y Carnaval de antaño (Manuel Romero, 1940) donde hacía pareja con Sabina Olmos.

Otros cantantes hoy más o menos olvidados fueron en su momento astros de la pantalla. Es el caso de Alberto Vila, debutante en Radio Bar (Manuel Romero, 1936) cuyo film más importante es seguramente Cuatro corazones (Enrique S. Discépolo, 1939); de Héctor Palacios, con El cantor de Buenos Aires (1940) y El alma de un tango (1945), ambas de Julio Irigoyen, entre las principales; de Alberto Arenas, cantor de Canaro que apareció en Con la música en el alma (Luis Bayón Herrera, 1951) o de Roberto Quiroga, quien participó en El cantor del pueblo (1948) y Otra cosa es con guitarra (1949), ambas del también olvidado Antonio Ber Ciani.

Lo cierto es que otros grandes cantores de tango no tuvieron lugar en la pantalla. Apenas podemos ver a Fiorentino con Troilo en un pasaje de Prisioneros de una noche (David José Kohon, 1960), a Alberto Podestá cantando en un club de barrio con Francini-Pontier en Los Pérez García (Bolin y Napy, 1950), a Edmundo Rivero en El cielo en las manos (Enrique de Thomas, 1950), a Ángel Vargas en una escena de Ritmo, amor y picardía (Enrique Carreras, 1955), a Néstor Fabián en la remake de Enrique Carreras de Los muchachos de antes no usaban gomina (1969), a Rubén Juárez en Tango Bar (Marcos Zurinaga, 1987) o, por suerte, aunque no en la plenitud de su talento, a Roberto Goyeneche en Sur (Pino Solanas, 1988).