¿La culpa es de la “mufa”?

¿Llegamos al mundial? La pregunta que desde anoche se instaló en la patria futbolera
Por Mario Bellocchio

La ausencia del trabajo y planificación en un juego de equipo –no se trata de un deporte individual como el tenis– es inversamente proporcional a la recurrencia a los oscuros poderes de la magia y el fetichismo: “Macri es mufa”, “la cancha de River no tiene mística”, “la Bombonera proporciona ‘clima’ e intimida al adversario”, “llamemos a una bruja que exorcise al equipo…”, y sigue la lista hasta el color del calzoncillo de Messi.

¿Desconocer la existencia del azar? Las veleidades de la fortuna son un ingrediente permanente de cualquier acción que se emprenda. Pero, viejo como la injusticia: “a la suerte hay que ayudarla” y minimizar su participación restándole canaletas por donde filtrarse. ¿O que el equipo completo que jugó ayer contra Perú haya compartido vestuario por primera vez 24 horas antes del encuentro no es tentar a la suerte?

Si se sabe que la camiseta de la Selección es de plomo ¿no ameritaría su uso más prolongado por los integrantes para que se acostumbren a sentir su peso?

Y, de paso, los jugadores tuvieran tiempo de sacarse el chip de su club habitual colocándose el albiceleste. Porque, pongamos por caso, ¿el centro de Messi a Benedetto, que casi lo mete; es del Messi del Barsa y del Benedetto de Boca, acostumbrados y ejercitados, la Pulga con Luis Suárez y Benedetto con Gago o con Pavón? Entonces el clásico comentario futbolero cuando esta pelota rebasa el travesaño no sería “no ligamos” sino “no entrenamos”, dicho sea entrenar como verbo imprescindible para conocerse.

Sí, resulta fácil desahogarse desde afuera. Pero la pregunta es ¿qué le debemos a esta dirigencia AFA en su accionar para darle al entrenador mejores condiciones de preparación de un equipo argentino, no un conjunto de buenos jugadores convocados de apuro cuando las papas queman? Pactar un serio calendario de amistosos en lugar de atribuirle a una cancha virtudes mágicas y cambiar de sede trasgrediendo, de paso, reglamentos de la FIFA en cuanto al tiempo en que eso se puede llevar a cabo.

Ahora caminamos por la afilada cornisa de la dependencia de resultados ajenos que, a la vista de los números que se produjeron anteriormente no suenan a imposibles.

Pero todo eso ya pertenece más a los números del mundo de Paenza que a la veleidosa esférica de las tierras de Messi. Ganarle a Ecuador en las alturas con el fútbol dinámico que propone Sampaoli suena tan difícil como al equipo argentino hacerle un gol al adversario.

Estadísticamente Argentina llega a la red 1 de cada 13 avances. Aunque las estadísticas, como las rachas, cuanto más se prolongan –y lo actual ya es mucho– es que están al borde de quebrarse. (¡Menos mal que no se juega el viernes 13!)

 

 

 

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