“La calle está llena de nuestra presencia”.

La ausencia llena. La ausencia es presencia. Que no se confundan los agitadores e incendiarios, los que se movilizan en cuatro ruedas. Que no crean que no estamos.
                                                  Decía Macedonio Fernández: “faltaron tantos que si faltaba uno más no cabía”.

Ahora estamos ocupados.

Estamos en los hospitales, estamos en los comedores barriales, estamos levantando lo derrumbado, estamos en los respiradores artificiales, en los hogares silenciosos, en las clases remotas, estamos en los laboratorios, estamos en el país profundo, intenso, ese que no quiere ser títere sino Patria.

Parece que no estamos, pero las calles están llenas de nuestra presencia. Se percibe nuestro aliento. Se nota que elegimos no insultar, no amenazar, ni andar con palabras de querosene.

Ahora estamos ocupados. Militamos así, como podemos, y el país que germina, ése que segaron, vuelve a crecer. Suturamos lo que lastimaron. Y nos cuidamos por el otro. Para respirar hay que estar vivo.

Nunca pensamos que se irían a cruzar de brazos. La única anarquía es la

que se revuelve en la cabeza de los que pensaron que podían adueñarse del futuro. Sabemos de su ruido, sabemos de su odio, pero igual no vamos a caer en la trampa de la provocación: hoy estamos ocupados.

En la calle –fíjense bien– no cabe un alma. Columnas y columnas de pueblo marchan en silencio, con alegría y voluntad. Vamos por donde siempre. Por las avenidas de los derechos, por las calles sin privilegios, somos nosotros, los que elegimos el amanecer y no la noche.

Aníbal Filippini*

 

(*) Aníbal Filippini es abogado (Universidad de Belgrano, 1980), filósofo del derecho. Docente Facultad de Derecho y Ciencias Sociales UBA y Universidad de Belgrano (1982-1988).

Ilustración: “Manifestación” (La huelga) Antonio Berni (1934) Temple sobre arpillera /180 x 249,5 cm