La Boca, un pueblo particular

CALLEJEANDO HISTORIA

Por Diego Ruiz. Los callejeos de Diego Ruiz no se detuvieron en Boedo y su entorno. La Boca fue uno de los barrios al que dedicó un trabajo inédito titulado “La Boca, un pueblo particular”.

La Boca, un pueblo particular

A diferencia de otros barrios de Buenos Aires, La Boca nació y creció con una fisonomía e identidad propias, fruto en gran medida de dos factores: su aislamiento y su relativa homogeneidad étnica. En el primer caso, es bueno recordar que nuestra ciudad, hasta mucho después de Caseros, no había crecido mucho más allá de sus antiguos límites de la época hispánica; la parte completamente edificada se extendía, recostada contra el Río de la Plata, aproximadamente desde la actual Plaza Dorrego hasta la avenida Córdoba por el Norte, formando un triángulo desde esta base hacia la Plaza Miserere. Habría que esperar hasta la aparición del tranvía, en 1870, para que un medio de locomoción barato permitiera a los trabajadores, en su mayoría inmigrantes, salir de la zona céntrica donde se hacinaban hacia las afueras, donde al paso del tranvía se iban loteando las antiguas quintas y se formaban los nuevos barrios.[i]

La Boca, en los planos de la época, es un villorrio aislado, rodeado de espacios vacíos que no son otra cosa que las grandes quintas de Brittain (actuales terrenos de Casa Amarilla y barrio Catalinas), de Guerrero (desde plaza Colombia hasta el río), Álzaga, etc. La primera incluía una vasta área anegadiza llamada “el Tragaleguas”, que se extendía desde las barrancas del Parque Lezama hasta la calle Alegría (actual Wenceslao Villafañe), surcada por un curso de agua tributario del arroyo “del Piguyi” que había que cruzar por un pequeño puente en la actual Almirante Brown.[ii] Para llegar al Riachuelo era preciso, en los primeros tiempos, tomar una “diligencia” en Defensa y Venezuela, más tarde reemplazada por los “ómnibus” de Francisco Hué, o bien el ferrocarril a la Ensenada, en la estación de Paseo Colón y Venezuela, hasta la estación “General Brown” de Olavarría y Garibaldi.[iii] El barrio quedaría realmente comunicado con la ciudad por la misma época en que alcanza autonomía administrativa, al establecer los hermanos Lacroze la Compañía Tramway de la Boca y Barracas, con central en la Casa Amarilla, cuyas dos líneas unían la Plaza de Mayo con Barracas por Defensa y la Calle Larga (Montes de Oca) y con la Boca por Almirante Brown.[iv]

El otro factor, quizás el decisivo, en la configuración única de La Boca fue, como decíamos, su relativa homogeneidad étnica debido al predominio de inmigración italiana y, especialmente, ligur.[v] Este fenómeno, detectable desde los primeros años del siglo XIX, se intensificó a partir de 1850 tras la caída de la “República de Roma”, dirigida por José Mazzini y José Garibaldi, que implicó un desbande a los cuatro rumbos de los republicanos a la espera de una nueva oportunidad que sólo llegaría pasados veinte años.[vi] Muchos de ellos arribaron a estas tierras y, naturalmente, se congregaron con sus connacionales ya residentes, y decimos naturalmente porque en tierras extrañas, en el exilio, es una tendencia humana intentar reconstruir los lazos sociales de origen a través del idioma, las costumbres, la procedencia de tal o cual pueblo del paese abandonado. Así se originan las asociaciones –como las aún existentes Unione e Benevolenza, fundada en 1858, y la Nazionale Italiana, en 1861– que reproducen y, en cierto modo, crean una identidad étnica que otorgan al inmigrante una contención nutrida de lazos solidarios e, incluso, un marco de referencia que les permite posicionarse en los intercambios con la población residente.[vii] Y en el caso que nos ocupa, es fundamental recordar que estos inmigrantes, exiliados políticos, portaban consigo una tradición política y asociativa –liberal y masónica– de larga data que pronto reproducirían en La Boca.[viii]

El florecimiento cultural e institucional

Así pues el escenario y el elenco, el contexto y las fuerzas sociales estaban maduras para que el año de 1875 se produjera una serie de acontecimientos que marcan el inicio de la vida cultural boquense e influirán en su posterior evolución. Por un lado, en ese villorrio que ya agrupa unos 12.000 habitantes, aparece el primer periódico local: el bisemanario El Ancla, fundado por J. A. Pisani que publica doce números entre el 1º de julio y el 25 de agosto; tenía su redacción en la entonces General Brown 21 y en su contenido se alternaban gacetillas e informaciones locales junto a editoriales de mayores pretensiones. Según un autor habría dejado de aparecer debido a un atentado contra Pisani quien, al considerar que no contaba con la protección policial necesaria, optó por llamarse a silencio.[ix]

En otro orden de cosas, la actividad de las logias masónicas ya era de notar agrupándose este año en la Augusta Logia de San Juan de Escocia –más conocida como Liberi Pensatori–, en Almirante Brown 235 de la vieja numeración, bajo la presidencia de Juan Roncoroni y contándose entre los fundadores vecinos que originaron conocidos troncos boquenses: Pedro Cánova, Juan Mérega, Luis Garzoglio, Pedro Perinetti, Ángel Medone, Santiago Ferro, Ángelo Vaccari, Simón Carnovali, Antonio Zanni y Domingo Bértora, a los que luego se agregarían apellidos no menos ilustres a través de César Bignoli, Tomás Zolessi, Antonio Garibaldi, Ángel Descalzo, Francisco Cichero, Jerónimo Podestá –patriarca de la familia fundadora del teatro nacional–, Pedro Bustos, Tomás Liberti –futuro cofundador de River Plate y de otras importantes instituciones–, Pascual Cupido, Francisco Pedemonte, Pascual Maxera (sombrerero de gran fama en la época) y José Ragozza, propietario de la principal farmacia del barrio.[x]

Para contrarrestar este predominio másonico en La Boca, arriba este mismo año, procedente de Génova, la primera misión salesiana encabezada por el padre Juan Cagliero, Orden que pronto se hará cargo con este objetivo de la parroquia de San Juan Evangelista, cuya primera capilla de madera había sido erigida en 1859. En realidad, esta primera misión había sido concebida por Don Bosco para evangelizar la Patagonia, pero la alarma de la Iglesia Católica ante la situación del barrio –en lugar de Boca del Riachuelo la llamaban, paródicamente, “La Boca del Diablo”– el arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Aneiros, les confió la parroquia vacante, primera en el mundo en ser gobernada por los salesianos.[xi]

Debemos consignar que las razones de esta pugna no eran nuevas. La masonería moderna, nacida a principios del siglo XVIII, reflejaba el espíritu de la Ilustración y las nuevas ideas que se condensarían en el liberalismo político.[xii] Es conocida su participación en las revoluciones Francesa y Norteamericana, su gran influencia en las luchas independentistas de la América hispana y asimismo en el ciclo revolucionario europeo de 1848, pero no en todos los países adoptó las mismas características: conservadora en Inglaterra y el norte de Europa, donde las monarquías estaban en cierto modo atemperadas, asumió un carácter revolucionario en Italia, repartida entre la dominación austríaca, de los Borbones y del Papado. El movimiento de los Carbonarios y la Joven Italia fundada por José Mazzini fueron o adoptaron características de sociedades masónicas entre las cuales no era la menor su carácter secreto, lo que no debe extrañarnos dado que a los monarcas absolutos no les temblaba la mano a la hora de penar con la muerte toda rebelión. Este vasto movimiento al que se dió el nombre de Risorgimento tenía tres objetivos, la unidad de Italia, la independencia de toda dominación extranjera y la abolición del absolutismo reaccionario impuesto por el Congreso de Viena a la caída de Napoleón Bonaparte, y entre los monarcas absolutos que combatían se encontraba el Papa, por entonces el “Papa–Rey” que señoreaba sobre los Estados Pontificios, en el que se conjugaban –de acuerdo a su óptica– el papel de enemigo del “libre pensamiento” con el de obstáculo político a la unidad de toda la península.[xiii] Valga esta parrafada para explicar, entonces, que la masonería de origen itálico no estaba ni está en contra de la religión, sino que asumía un carácter anticlerical, por lo que libraría en La Boca –como al principio decíamos– una contienda con la Iglesia que a la larga sería beneficiosa para el barrio, dada la competencia entablada entre ambas en la fundación de instituciones que, en muchos casos, perduran hoy en día.[xiv] Y fue en una de estas instituciones, la sociedad o club Progreso de La Boca fundada frente mismo al taller de Parodi por José Ragozza, Domingo Cichero y P. Pini Roncoroni en el pionero año de 1875 que veníamos glosando, que se realiza la primera exposición de artes plásticas del barrio, organizada por el ya consagrado pintor nacional Martín Boneo.

A partir de este momento, las nuevas instituciones se suceden en cascada. En 1877 es fundada la Sociedad Cosmopolita, Filarmónica y de Socorros Mutuos La Unión de La Boca y al año siguiente la Sociedad Cosmopolita, Filarmónica y de Socorros Mutuos José Verdi; el 13 de agosto de 1881 se inaugura el teatro Ateneo Iris, en Almirante Brown 1451, y en 1883 el teatro Dante Alighieri en la misma calle con el número 1382; por iniciativa de nuestro ya conocido Tomás Liberti, en 1884, se fundan la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y la Sociedad de Socorros Mutuos Bomberos Voluntarios de la Boca; en 1885, nace la Sociedad Ligur de Socorros Mutuos; en 1894 es fundada la Asociación Anticlerical Boca del Riachuelo y Juan Carrera crea la Escuela para maquinistas y dibujantes mecánicos en Wenceslao Villafañe 346. Hacia 1895 también instala Vito Cantone su Teatro Sicilia en Necochea 1135, donde se representan espectáculos de puppi, las grandes marionetas sicilianas cuyo repertorio se basaba en obras clásicas como el Orlando Furioso de Ariosto o la Jerusalén Liberada de Tasso.

La prensa barrial, por su parte, tras el intento frustrado de El Ancla retomó la posta en 1878 con Il Corrieri della Boca, de inspiración másonica, en 1888 aparece El Eco de La Boca de Carlos Eglis, seguido por Bohemio, de Atilio Massone, en 1892; El Faro del Riachuelo, dirigido por Antonio Cichero, en 1893; el semanario El Progreso de La Boca, dirigido por Florido Mateucci y redactado en castellano e italiano, en 1896; Riachuelo, semanario dirigido por Antonio Cichero y también bilingüe en 1898, y en 1904 El Nacional, creado por Juan Cassiau, que perdurará hasta 1948.

Mientras tanto y ante la renuncia del padre Fortunato Marchi el arzobispo Aneiros encomendaba a los salesianos la parroquia y en 1878 instalaban, aledaña a la capillita de madera, una escuela primaria a cargo del padre Domingo Milanesio, quien también consiguió autorización para enseñar religión en las escuelas estatales de La Boca y Barracas. La asunción del padre Esteban Bourlot como párroco, en 1879, significó una etapa de múltiples obras y crecimiento: ese mismo año crea en Olavarría 637, en un edificio alquilado y frente a la Unión de La Boca, el Colegio Madre Auxiliadora; en 1882 la organización parroquial Hijas de María, que se suma a las ya existentes cofradías Virgen del Carmen y Sagrado Corazón; en 1884 funda la Sociedad Católica de Socorros Mutuos, que se tranformaría en 1939 en el Círculo Católico de Obreros; inaugura en 1886 el templo definitivo en Olavarría 486 y edita, en 1892, el periódico, Cristoforo Colombo; funda en 1894 la Asociación Juventud Católica con su propio “cuadro dramático”, orquesta y coro, y aún tendrá decisiva participación en la creación de los noviciados salesianos de Bernal, junto con su parroquia Nuestra Señora de La Guardia, y en los límites de La Boca, en Australia casi Patricios, de la iglesia de San Pedro para la cual Américo Bonetti tallará una Mater dolorosa.

Anarquismo y socialismo en La Boca
Buenos-Aires.-Huelga-de-conductores-de-carros-el-Secretario-del-gremio-de-conductores-José-García-en-compañía-de-un-grupo-de-carreros-durante-la-huelga-realizada-1911.

Sin embargo, en este Centenario no todo era tan idílico como parecía. El progreso y la opulencia tenían su contracara en las grandes desigualdades sociales y en las terribles condiciones de labor que sufrían las clases trabajadoras.[xv] Desde la última década del siglo XIX venían produciéndose conflictos, manifestaciones y huelgas que, en su gran mayoría, eran duramente reprimidas y cuya experiencia permitió a los trabajadores ir agrupándose en sociedades gremiales y políticas. Sin embargo, estas sociedades y su ideología diferían de aquellas fundadas por la primera oleada inmigratoria, dedicadas a los socorros mutuos o pertenecientes a la masonería. En gran medida, La Boca reflejaba un proceso que se había desarrollado en Italia a partir de la toma de Roma y la entronización de Víctor Manuel como Rey de toda la nación: las reivindicaciones de independencia y unidad nacional habían sido cumplidas, pero la joven y creciente clase obrera ya no se veía representada en las consignas del republicanismo logista. En 1864, en Londres, había sido fundada la Asociación Internacional de Trabajadores que agrupaba a distintas organizaciones obreras europeas pero también, en su primer momento, a movimientos o personalidades del campo republicano como es el caso de Giuseppe Mazzini.[xvi] En esta Asociación, más conocida por la Internacional, surgieron pronto distintas corrientes de pensamiento que se acentuarán después de la derrota de la Comuna de París en 1871: la comunista orientada primeramente por Carlos Marx y la comunista “antiautoritaria”, liderada por Miguel Bakunin, que será conocida como “anarquista”; otra, inspirada en el alemán Fernando Lassalle y el francés Julio Guesde, que consideraba posibles las reformas graduales y la conquista del poder en el marco de las instituciones existentes, que dará origen a los partidos socialdemócratas y, finalmente, la llamada “sindicalista”, orientada los franceses Georges Sorel y Fernand Pelloutier, que propugnaba la lucha gremial como herramienta de conquistas sociales y, en última instancia, del poder. En líneas generales, estas corrientes se insertaron con mayor o menor fuerza en los distintos países europeos según su grado de desarrollo capitalista y la importancia y poderío de su clase obrera. Mientras la vertiente socialdemócrata se consolidó en Alemania, Francia y, con características particulares, en Inglaterra, el anarquismo arraigó con gran fuerza en Italia y España, países con vastas masas campesinas y clases obreras jóvenes, con poca experiencia asociativa.[xvii] Así pues no debe extrañarnos que, dada la composición mayoritariamente italiana –y en menor grado española– de nuestra inmigración, el movimiento anarquista alcanzase proporciones masivas en las tres primeras décadas del siglo XX.[xviii] Este proceso de implantación de las nuevas ideas, que se había iniciado alrededor de 1870, tuvo un importante impulso con la presencia en el país, especialmente en La Boca, del importante dirigente Enrique Malatesta entre 1885 y 1889, a cuyo paso se fundaron numerosas “sociedades de resistencia”, denominación de las asociaciones gremiales por oficios de tendencia anarquista.

Por su parte, la corriente socialista también tenía una importante presencia en el barrio. Ya hemos mencionado el Centro de la calle Iberlucea y su excelente biblioteca y es imposible soslayar que el primer diputado socialista de América, Alfredo Palacios, surgió de esta parroquia al aplicarse un efímero sistema de circunscripciones uninominales impulsado por el ministro Joaquín V. González.[xix] A lo largo de los años, numerosos dirigentes socialistas de primera línea y de extracción obrera tuvieron su origen en La Boca o Barracas, como Antonio Zaccagnini, pero el grueso del movimiento gremial, como se ha dicho, estuvo hegemonizado por el anarquismo y esta corriente de ideas tendrá una vasta influencia en el campo artístico boquense y en sus integrantes.

 

[i] En su Guía de Forasteros de 1864, refiere Antonio Pillado que un viaje de hasta 30 cuadras empedradas, en carruaje de un caballo y no más de dos personas, costaba 15 pesos y 20 si era en carruaje de dos caballos, en este caso de hasta cuatro personas. Por la espera, se debían abonar 20 pesos la primera hora y 15 las siguientes en el primer caso, y 25 y 20 para el segundo. Pero si el viajero deseaba ir al Puente de Barracas, la Boca, Palermo “y demás parajes de igual distancia siendo los caminos transitables (…) no demorándose más de dos horas” debía abonar 50 pesos. Si comparamos con los 2 pesos que costó en sus inicios el boleto de tranvía, comprenderemos fácilmente el alivio que significaba para el jornal del trabajador. Ver Antonio Pillado, obra citada, pp. 113-114.

[ii] Piguyi significa “piojo” en genovés.

[iii] El mismo Pillado consigna en el rubro “Diligencias” a la compañía de diligencias Las Industriales, que entre sus servicios contaba con cuatro servicios a distintos puntos de la ciudad, entre ellos el referido a La Boca con un costo de 3 pesos y otro a Barracas, a 5 pesos, saliendo del antiguo Mercado Central de Chacabuco y Alsina. Por su parte, Alfredo Taullard se refiere a dos líneas de “ómnibus”, una “a Boca y Barracas, otra a Recoleta, la tercera a Mercado Constitución y la última al del Once, siendo el señor Hué, concesionario de esta última” (con cochería en Belgrano 561 de la actual numeración), consignando que los coches tenían capacidad para quince pasajeros y eran tirados por cuatro caballos “a los que en las barrancas y ciertos pasos malos había que agregar dos y hasta tres más, viéndose muchas veces obligados los mismos pasajeros a descender del coche para empujarlo”. Ver Alfredo Taullard: Nuestro antiguo Buenos Aires, p. 297 y otras.

[iv] La Boca fue erigida en parroquia independiente por ley 654, del 25 de agosto de 1870, promulgada por el gobernador bonaerense Emilio Castro, que creaba el primer Juzgado de Paz. Téngase en cuenta que faltaban diez años para que Buenos Aires fuera federalizada, por lo cual la ciudad era de jurisdicción provincial.

[v] Dice Hebe Clementi: “La Boca, aislada de la ciudad por caminos desiertos e intransitables buena parte del año, a veinte cuadras de la Plaza de Mayo, sin casi ninguna muestra del Estado en marcha, reúne ya en 1855 a 1.500 habitantes (…) Una comunidad fuerte de italianos que para esa fecha pertenecen a Liguria en un 94,3% (según datos que aporta una investigación de Fernando Devoto) distribuido entre Génova (25%), Varazze (23%), Recco (13,5%), Sestri (4,5%) u otros pueblos ligures (27,6%). De las otras regiones italianas, hay un 2,1% de Sicilia, un 2,1% de Piamonte, un 1,5% de Lombardía (…)”. Ver Hebe Clementi: De La Boca… Un pueblo, p. 273. Agreguemos que a fines del siglo XIX y principios del XX se agregarán los eslovenos y croatas, de los cuales el mejor ejemplo son los Mihanovich que fundaron una empresa naviera de larga vida.

[vi] Para el proceso de unificación de Italia, Garibaldi y sus repercusiones en la Argentina, ver la obra ya citada Mascarones de Proa.

[vii] Para el fenómeno del asociacionismo, véase Pilar González Bernaldo de Quirós: Civilidad y política en los orígenes de la Nación Argentina: Las sociabilidades en Buenos Aires, 1829-1862, pp. 225 y ss. Dice en particular: “En las experiencias asociativas de los extranjeros encontramos formas muy diferentes. Se registra todo un abanico de tipos, desde formas de organización corporativa hasta los hábitos de encuentro en los cafés. pero hay tendencias según los países de origen. Así, entre los italianos, una parte de los cuales eran exilados políticos, la experiencia de las asociaciones políticas secretas estaba más difundida que en la población de origen anglosajón.”, p. 225 nota 89.

[viii] La actuación de exiliados italianos en el Río de la Plata se remonta al llamado “sitio grande” de Montevideo (1843-51), con la actuación de Garibaldi y la Legión Italiana. Legiones como ésta participaron también en el conflicto entre Buenos Aires y la Confederación Argentina (1852-62), en la guerra del Paraguay (1865-1870), en la guerra contra el indio e incluso en la trágica experiencia de la colonia agrícola-militar Nueva Roma, en las cercanías de Bahía Blanca. Muchos de estos italianos, como José Pipo Giribone, Nicolás Levalle y otros fueron incorporados al Ejército nacional y alcanzaron altas jerarquías. Ver Gaio Gradenigo: Italianos entre Rosas y Mitre.

[ix] Ver Julio Paolillo, obra citada, pp. 7 y ss.

[x] Ver Pascual Menutti: La masonería en los barrios de La Boca y Barracas, en Revista “Símbolo. Revista de Cultura y Opinión”, Año XLVIII, Nº 55, pp. 19-20. Un rasgo distintivo de las logias boquenses, a diferencias de las “centrales”, es que junto a ricos comerciantes y “prohombres” locales registran afiliación numerosos obreros.

[xi] Ver Julio Paolillo, obra citada, pp. 11 y ss.

[xii] Según la Declaración de Principios de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de la Argentina: “La Masonería es una institución esencialmente filosórica, filantrópica y progresista. Son sus principios: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Su lema: Ciencia, Justicia y Trabajo. Se propone: la investigación de la verdad, la perfección del individuo y el progreso de la humanidad.” Ver Jorge Francisco Ferro: Panorama de la masonería argentina hacia el tercer milenio.

[xiii] Estos “Estados Pontificios” databan del siglo VIII, cuando el rey franco Pipino el Breve, padre de Carlomagno, otorgó al Papado vastos territorios arrebatados a los lombardos.

[xiv] Es de interés comprobar que miembros de una misma familia se encontraban alineados en “bandos opuestos” como los Cichero, de los cuales Domingo era destacado masón y Antonio, por ejemplo, miembro de la Comisión Pro-Templo de San Juan Evangelista. O los Pedemonte, de los cuales Francisco fue fundador de Liberi Pensatori mientras Agustín fue benefactor de los salesianos. O, en otros casos, aplicados alumnos de los salesianos pasaban más tarde a ser dirigentes anarquistas o sindicalistas, como es el caso del pintor y músico Santiago Stagnaro, cuya figura se tratará en el próximo Cuaderno.

[xv] En 1904 el ministro del Interior, Joaquín V. González, presenta al Congreso el primer proyecto de Código del Trabajo, basado en gran parte en el Informe sobre las clases obreras en el interior del país redactado por Juan Bialet Massé a su pedido. Leer dicho Informe aún causa estremecimientos por las infrahumanas condiciones de trabajo y vida que sufrían los trabajadores de los ingenios, yerbatales, explotaciones mineras, etc., aún peores que las de los trabajadores urbanos. El proyecto de Código fue rechazado. Ver Cronología de El Arte en La Boca I.

[xvi] Ver El Arte en La Boca I.

[xvii] El caso de Italia es particular por su temprana división entre el norte industrialista y el sur atrasado y mayoritariamente agrario, situación que se refleja en el mayor arraigo del socialismo en el primero y del anarquismo en el segundo. Ver Eric Hobsbawm: “La difusión del marxismo (1890-1905)”.

[xviii] Según el Censo General de la Ciudad de 1909, su población ya alcanzaba a 1.231.698 personas, de los cuales sólo 670.513 eran argentinos, repartiéndose el resto entre 277.041 italianos, 174.291 españoles, 26.784 uruguayos, 25.751 franceses, 13.714 rusos y cifras menores de otras nacionalidades arribadas de todos los puertos, tal como 69 japoneses.

[xix] Por este sistema, la Capital era dividida en circunscripciones basadas en las parroquias existentes y cada una de ellas elegía directamente un diputado. Ante los resultados adversos al oficialismo y la elección de Palacios, se volvió al antiguo sistema en el cual se sumaban, para cada candidato, los resultados de todas las circunscripciones. Igualmente, en los siguientes años, los socialistas irán ocupando progresivamente mayor cantidad de bancas.

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