España y las urnas

Parece que Trump y Bolsonaro fueron precedente suficientemente nefasto a la hora de las urnas para los españoles y la amenaza “Vox” no llegó a “pópuli” y se redujo a una –solo ruidosa– quinta posición en los comicios.

El miedo a Vox, y a un Partido Popular que ya les había abierto la puerta del Consejo de Ministros si se alzaba con la victoria, ha llenado las urnas de votos contra el racismo, contra el machismo, contra el fascismo y contra esa visión de España en la que solo caben unos pocos (*)

España es el país del 8M más masivo, el que tiene el récord en donaciones de órganos, uno de los primeros donde los homosexuales pudieron casarse. España es una sociedad abierta y tolerante, más moderna de lo que los propios españoles pensamos, bastante menos racista que otros países de Europa, uno de los lugares más seguros y menos violentos del planeta. España es una nación de naciones, y no está dispuesta a renunciar al Estado autonómico que le ha dado sus años más prósperos. España tiene una mayoría social progresista, y por eso la izquierda siempre gana cuando la participación es alta.

España no es solo los barrios ricos de Madrid, y su prensa tan conservadora: es también Catalunya, y Euskadi, y Galicia, y Valencia, y Andalucía… Y por eso la radicalizada derecha nacionalista española se ha estrellado en su programa de máximos.

Esa España, este domingo, ha frenado a la extrema derecha. El miedo a Vox, y a un Partido Popular que ya les había abierto la puerta del Consejo de Ministros si se alzaba con la victoria, ha llenado las urnas de votos contra el racismo, contra el machismo, contra el fascismo y contra esa visión de España en la que solo caben unos pocos. La derrota de la derecha nacionalista española es tan incuestionable como la victoria del PSOE de Pedro Sánchez, que casi duplica al segundo partido en el Congreso.

Esa España a la que le preocupa más la lucha contra la violencia de género que el derecho a llevar armas es la que este domingo ha puesto pie en pared y ha cerrado las puertas del Gobierno a un tripartito de derechas, que era seguro si les daban los escaños. Una derecha que ya se había repartido hasta los ministerios sin hacerle ascos al referente en España de Marine Le Pen y Matteo Salvini.

La “antiespaña” no son los vascos, los gallegos, la izquierda o los catalanes. La antiespaña son ellos, y por eso la “reconquista” de Vox se ha quedado solo en el 10% de los votos.

Uno de cada diez, insultando al 90% restante de ese país en nombre del cual no pueden hablar porque no lo representan. España entra en la normalidad europea: en casi todos los parlamentos de la UE hay un partido fascista, lamentablemente. Pero el mal resultado de Vox sobre sus previsiones y el desastre para el bloque de la derecha en su conjunto demuestra que esa ola reaccionaria no es tan grande como en otros países de nuestro entorno. Sí, tienen una veintena de diputados, pero serán tan ruidosos como irrelevantes. Entre PP y Vox ni siquiera alcanzan los escaños necesarios para vetar una reforma constitucional, que se podría llevar adelante sin ellos.

Para el PSOE y Pedro Sánchez, la victoria es histórica. Tendrá el grupo parlamentario más sólido del Congreso y podrá gobernar desde la izquierda con bastante holgura.

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La derecha nacionalista española –la de Aznar, la del “a por ellos”, la del odio, el insulto y la mentira– nunca antes ha quedado tan derrotada. El resultado de este domingo vacuna para el futuro. España es un país mucho más plural de lo que parece leyendo los diarios conservadores de Madrid.

 

 

(*) Extractado de la nota que Ignacio Escolar –titulada ¡Viva España!– escribió para eldiario.es