El mercado y la educación

“La secundaria del futuro”, el pretencioso título  con que el Gobierno porteño pretende llevar a cabo reformas educativas en la Enseñanza Media donde parece ser que los métodos de aplicación esconden –valga la ironía– secundarias intenciones.

Mientras la Nueva Escuela Secundaria (NES) transita su tercer año de aplicación con resultados , cuanto menos, discutibles, el Gobierno de la Ciudad pone en marcha, en 16 escuelas piloto, nuevas modificaciones del nivel medio que introducen más escozores que aceptaciones.

La formulación general del plan que se pondrá en marcha el año próximo en algunos establecimientos de enseñanza media, pretende implantarse, en el término de cuatro años –2021– en los 143 que alberga el distrito.

El lanzamiento del nuevo esquema comenzará con los que ingresan. El resto de los alumnos continuará con el viejo sistema. El cambio sustancial es más formal que de contenido. Las materias se agrupan en cuatro áreas de conocimiento: ciencias sociales y humanidades, científico-tecnológica, comunicación y expresión, y orientaciones. Sólo en el 30% de los temas el docente introducirá los contenidos. El 70% restante demandará “trabajo autónomo y colaborativo”. Se requerirá un informe de la educación primaria de los alumnos. Desaparecerán las notas numéricas reemplazadas por un sistema de “créditos” y la “repitencia” tradicional será sustituida por una recuperación de los contenidos.

El nuevo diagrama incluye dos años de ciclo básico, dos años de ciclo orientado y un quinto año que será “integrador y formativo más allá de la escuela”, vale decir lo más polémico y que despierta suspicacias:  todos los alumnos deberán trabajar en el último año

El nuevo diagrama incluye dos años de ciclo básico, dos años de ciclo orientado y un quinto año que será “integrador y formativo más allá de la escuela”, vale decir lo más polémico y que despierta suspicacias:  todos los alumnos deberán trabajar en el último año –de acuerdo a un documento que circula por los establecimientos educativos–, eufemismo que esconde experiencia laboral de pasantías o trabajo temporario no sujeto a reglamentación gremial. Léase: flexibilización laboral sin necesidad de tocar los convenios laborales.

“No está mal la relación de la escuela con el mundo laboral pero hay que ver en qué tipo de trabajo se está pensando. Los estudiantes tienen que ser sujetos de derecho y no adaptables a las necesidades del mercado”, señaló Marcelo Parra, secretario de educación media del gremio docente UTE.

Sospechas al margen, la intención que se manifiesta no deja de ser loable “Se busca que la secundaria tenga un sentido para los adolescentes, que esté vinculada con sus vidas cotidianas, que usen la tecnología y les dé herramientas para el desarrollo de la autonomía y la inserción en un mercado laboral donde lo único permanente es el cambio”. Un caramelo atractivo sobre el que tanto docentes como gremialistas y analistas de la educación de orígenes diversos señalan la engañosa seducción que albergan esas afirmaciones.

Guillermina Tiramonti (1), notoria defensora de las pasantías,  señala: “Me gusta mucho la orientación que tiene esta reforma. A eso hay que ir. Pero hay que hacerlo con cuidado para no quemar la propuesta. Si no tiene el consenso necesario será una reforma imposible de ejecutar”.

Desde la directiva de un establecimiento privado, Claudia Romero (2) señala: “la dirección general del cambio es correcta y está en la línea de reformas del secundario que ya están haciendo otras provincias como Rio Negro o Córdoba”. Advierte sin embargo que: “Las propuestas que exigen gran autonomía de los estudiantes pueden agravar la situación escolar de los alumnos de sectores más vulnerables cuyas familias tienen menor capital cultural, si no existen apoyos muy fuertes desde la escuela para compensar esas desigualdades de origen. Además, los medios y recursos didácticos deben ser de gran calidad: guías de aprendizaje, plataforma digital, proyectos interdisciplinarios no deberían ser tercerizados sino hacerse con la participación de las escuelas y los docentes. El cambio no se compra hecho, consiste en desarrollar capacidades propias”.

“Concuerdo con la idea de pensar a fondo la secundaria –señala desde el CIPPEC Axel Rivas (3)–, pero hay que tener cuidado en la forma de abordar la reforma. No nos olvidemos que quienes están en las aulas son los docentes y muchas veces se frustran al escuchar grandilocuentes propuestas que no se llevan a la práctica o que los amenaza en algún aspecto. Para poder hacer los cambios es necesario tener buenos equipos en los ministerios y acompañamiento en las escuelas”.

Desde la Asociación Docente de Enseñanza Media y Superior (ADEMYS), mientras tanto, señalan la implementación de las medidas como “una reforma pensada para el mercado”

“Este tipo de reformas –advierten– incluyen como ejes tanto la evaluación permanente como la medición estandarizada que tienen el objetivo de conocer en qué medida la educación media prepara para el cada vez más flexibilizado mercado laboral, elaborando un ranking. Los resultados de estas pruebas estandarizadas –como ‘Aprender’ o las famosas ‘Pisa’– son la excusa perfecta para volver a reformar la escuela. El verdadero objetivo no es mejorar la educación de los jóvenes y adolescentes sino responder a la necesidad de las patronales de formar mano de obra cada vez más barata haciendo eje en las ‘habilidades blandas’”.

La educación, nuevamente –y desde siempre– mezclada en el laboratorio con propuestas edulcoradas y seductoras que llevan en su formulación –conviviendo– ingredientes válidos y engañosos en dosis que, hasta ahora, siempre culminaron en ruidosos fracasos de implementación.

 

(1) Guillermina Tiramonti: investigadora de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) y profesora de la UNLP.

(2) Claudia Romero: directora del área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, doctora en Educación por la Universidad Complutense de Madrid y con larga experiencia de trabajo en escuelas públicas y privadas.

(3) Axel Rivas es un defensor de la educación pública como vehículo de justicia social y desde hace 15 años trabaja para reducir las inmensas desigualdades educativas en América Latina y en el federalismo argentino. Desde 2002 es Director del Programa de Educación de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar el funcionamiento del Estado.

 

 

 

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