De regreso a casa

Por Mario Bellocchio. A propósito de la partida sin gloria –pero tampoco con ninguna pena por parte de la empresa– de Carrefour de los terrenos de avenida La Plata para ser entregados a San Lorenzo el 1º de julio de 2019,

se han suscitado una serie de comentarios sobre el desenlace de la pertenencia de los terrenos y apenas una ínfima minoría zafa de quedar enredada en algún interés político-partidario, algún resquemor futbolero, alguna deuda histórica que sin querer no me has pagao y que en la cuenta del otario que tenés no la cargás o simplemente el quilombo en que transforma, el cuerverío que vuelve, al tranquilo barrio de avenida La Plata contemporáneo, y, aparentemente, perturba al “barrio tranquilo de mi hoy”.

Canje de carteles: sale Carrefour, entra San Lorenzo

Ninguna acción es descontextualizable: ni la llegada de San Lorenzo al campo de los Onetto en 1916, ni el desalojo con malas artes en 1982, ni el destino de los cientos de empleados del CASLA de Avenida La Plata en 1982, ni la llegada de Carrefour en 1984, ni la ausencia del par de escuelas que iban a construirse en los terrenos que dejaba San Lorenzo en 1982, ni las aperturas de Muñiz y Salcedo jamás llevadas a cabo, ni el uso durante 25 años del nombre “San Lorenzo” por parte de la firma francesa sin anuencia alguna por parte del Club, ni el convenio celebrado con San Lorenzo para la restitución paga de los terrenos, ni la presión para que se sancionara la “ley de restitución”, ni la partida de Carrefour en las circunstancias en que lo hace y “cómo” lo hace, ni el destino de sus empleados, ni el retorno del Club a la justa posesión de sus terrenos.

La situación es campo fértil para la aparición de vociferadores del descubrimiento del agujero del mate a los que les resultan fáciles las conclusiones calculadas desde alguna sede rival partidaria, futbolística o de resentimiento personal anti algo.

La épica del “retorno” tiene su asiento en la melancolía de aquellos fierros, vivida o transmitida por torrente sanguíneo –venas azules, arterias rojas–.

Inútil tratar de amalgamar racionalidad y sentimientos. De qué vale explicar que de no haber sucumbido Bidegain a las ignominias de Uriburu, lo más probable es que el Viejo Gasómetro de hierro y lapacho habría tenido una vida efímera transformada en estadio de cemento con poca endeblez para ser volteado y escasa médula para engendrar la nostalgia romántica de la madera.

Cierto es que en 1982 nadie arrió al cuervaje por avenida Cruz con los brazos tras la nuca como ejército que depuso las armas y que estaría bueno saber qué hubiera pasado si se hubiera reunido entonces junto a los fierros una multitud como la que acompañó –y exigió– el 8 de marzo de 2012 en la Plaza de Mayo la aprobación de la “Ley de restitución histórica”. La humanidad está cargada de conjeturas incomprobables, les dicen ucronías.

Mientras tanto Carrefour, desde algo más de un año –11 de abril de 2018– está en un Proceso Preventivo de Crisis (PPC). Se trata de una herramienta legal que pueden utilizar las empresas en riesgo y que le otorga ciertos beneficios a la hora de pagar indemnizaciones –hasta el 50% del monto que corresponde– y realizar suspensiones. Vale señalar que se trata de un procedimiento de crisis solicitado por la empresa en el país y no, por alguna situación particular, como la de la sucursal de Av. La Plata.

La obligatoriedad de Carrefour de desocupar los terrenos llevada a cabo el 4 de mayo próximo pasado ha sido abusada por la firma para forzar situaciones de desvinculación con sus empleados a las que el Club San Lorenzo es evidentemente ajeno.

Circula un sin fin de conjeturas acerca de cómo un club, que para ser moderados, está en una incómoda situación económica, puede llegar a hacer un estadio multimillonario en dólares. Se habla de una automotriz japonesa que, a cambio, tendría los derechos de esponsoreo por una parva de años. Se habla…, se habla…, oficialmente, poco, lo que da lugar a la instalación de intencionadas conjeturas más vinculadas a internas partidarias del club y de las banderías políticas que a  propósitos auténticamente azulgranas. El momento, por ahora, permite disfrutar con certeza del retorno institucional a Avenida La Plata.

Para el estadio falta el estudio de impacto ambiental, el cambio de zonificación de los terrenos que debe surgir de una ley de doble lectura con audiencia pública intermedia y…

…la guita, nada menos.

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