Caperucita

La legendaria Le Petit Chaperon Rouge, o simplemente Caperucita Roja tiene su monumento.

Se ubica sobre la Avda. Sarmiento y está realizado en mármol. La obra no supera los dos metros de altura y puede verse en cualquier momento en un sector de la plaza Sicilia, en Palermo. Está junto a la avenida Sarmiento, metros antes de llegar a la avenida del Libertador y sobre la mano izquierda, según el sentido del tránsito.

La escultura que recuerda a Caperucita en la Ciudad fue comprada por la entonces Municipalidad en 1937 y hasta 1972 estuvo en Plaza Lavalle, cerca de la avenida Córdoba, entre Talcahuano y Libertad. En ese lugar después se colocó la estatua del ex presidente Hipólito Yrigoyen. En 1972 fue trasladado a Palermo.

La Caperucita catalana

Caperucita y el Lobo tienen una altura de dos metros, y se dice que es la única escultura del cuento en el mundo. Pero no es así. Hay varias en el mundo. Una de ellas está en Barcelona, en el Passeig Sant Joan entre la calle Còrsega y la calle Rosselló y forma parte de una fuente pública, obra del escultor Josep Tenas (1921) escultura de bronce, fundida por Gabriel Bechini. Se encuentra a pocos metros de la Estación Verdaguer del Metro de Barcelona.

Quién podría creer que Caperucita Roja haya elegido los bosques de Palermo ,de Buenos Aires para llevar su cesta cargada de comida a su abuelita enferma?

Nuestra Caperucita fue cincelada por el escultor francés Jean Carlus (1852-1930), un hombre nacido en la zona de la Dordogne. Fue miembro de la Societé des Artistes de su país desde 1886 y sus trabajos recibieron múltiples premios, cuando viajó a la Argentina en 1937.

La imagen que está en Palermo recuerda aquella historia de la chiquita que iba a visitar a su abuela enferma, un cuento de trasmisión oral que mostraba la seguridad de los poblados y lo peligroso del bosque, algo típico del tiempo medieval. Aquella leyenda fue recogida en 1697 por Charles Perrault (1628-1703) en un libro al que se lo conoce como “Los cuentos de la mamá Gansa”, por el dibujo que ilustraba su tapa. El cuento de Caperucita tenía un final trágico porque la nena y su abuela terminaban comidas por el lobo. La moraleja planteaba lo inconveniente de hablar con desconocidos, como había hecho ella en el camino del bosque.

Los historiadores cuentan que en 1812 los hermanos Grimm –Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859)– modificaron ese final incluyendo la figura del leñador que mataba al lobo y recuperaba a Caperucita y a su abuela. Desde entonces, ese agregado se convirtió en el texto completo que llega hasta nuestros días.

Caperucita porteña

La estatua está hecha en un solo bloque de mármol blanco en el que se ve a la chiquita con su clásica caperuza y llevando la canasta con alimentos para su abuela y, en la otra, un ramo de flores. Detrás, aparece la imagen del lobo que se asoma acechante.

La síntesis lograda por Carlus es más que elocuente y grafica muy bien el espíritu de esa leyenda que sigue pasando de generación en generación.

Después de haber sufrido algunos daños (el vandalismo siempre puede más que el arte) la obra fue restaurada en 2010 y colocada nuevamente en la plaza Sicilia.

(https://drparbst.blogspot.com.ar)

 

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