Ante un nuevo 24 de marzo

Las entidades barriales organizaron un encuentro en la Plaza Mariano Boedo en conmemoración de un nuevo aniversario del inicio de la dictadura cívico-militar. Evocación: Cómo era la mirada de Osvaldo Bayer sobre el informe de la CONADEP

 

Las Madres tienen razón de desconfiar
En plena primavera democrática –septiembre de 1984–, a días de haber recibido el informe de la CONADEP, Osvaldo Bayer reflexionaba

 Las Madres de Plaza de Mayo no concurrieron a la entrega a Alfonsín del informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas. Y es comprensible. Desde mi punto de vista personal, estuve con la posición de Adolfo Pérez Esquivel: la concurrencia crítica. Pero resulta que no tengo desaparecidos en mi familia y por eso la cuestión me es más fácil. Ellas —en cambio— son las madres de los desaparecidos. Y entonces la cosa cambia.

Y vamos a las razones de esas mujeres que desde 1977 salieron a la calle: ¿por qué van a acompañar un informe que no conocen? ¿Puede perjudicar de alguna manera a sus hijos ese informe, o darlos por muertos, o calificarlos en esa dualidad de “terrorismo de Estado versus subversión” en la que ha caído repetidas veces precisamente el presidente de la comisión, Ernesto Sábato?

No se les puede criticar a las Madres que desconfíen. Que desconfíen precisamente de esa comisión que fue la gran coartada del Gobierno radical para rehusar la formación de la Comisión Bicameral Investigadora. Porque, esgrímanse los argumentos que se quiera, ese era el único instrumento democrático e idóneo para desnudar el capítulo más negro de la historia argentina. Eran los representantes del pueblo los que debían tener el deber y la responsabilidad. Y no un grupo de “notables” (y ya el término de “notables” me desagrada por el autoritarismo implícito que lleva en sí).

Las Madres desconfían. Y es lícito, razonable y hasta es la línea justa desde su punto de vista. Porque, ¿cómo van a ir a una demostración a la cual invitó —por ejemplo— el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (“Apoyemos a Alfonsín concurriendo a Plaza de Mayo”), cuando justo una semana antes —el 13 de septiembre— el presidente Alfonsín —entre gallos y medianoche— firmó el decreto presidencial 2826, que autoriza la formación de jueces de instrucción militar, con lo que se diluye la posibilidad de agilizar la etapa de instrucción ante los jueces civiles? Ahora la etapa de instrucción —fundamental para la sustanciación de un juicio— será realizada por los pares de los asesinos, o por qué no (ya que en la represión estuvieron complicados de una u otra manera la mayoría de los cuadros de oficiales, por acción u omisión), por los propios protagonistas de hechos represivos. Decreto acompañado por otra medida altamente sospechosa: la facultad dada al ministro Borrás de “sobreseer” o “proveer lo que a su juicio considere conveniente”. Lo que en buen latín significa que el señor Borrás puede llegar hasta a absolver a los imputados.

Es decir que por derecha se aplaude el informe y por izquierda se dan los instrumentos para que quede sólo en eso, en un informe, aclamado por miles de entusiastas en una tarde de sol.

Las Madres desconfían. Y en bien de nuestra democracia y de nuestra justicia hacen bien en desconfiar. Porque ellas tienen la experiencia: desde 1977 están en la calle escuchando promesas. ¿Y cómo no van a sospechar de un partido radical que en una circunstancia igual negó en 1921 —mediante el recurso muy cobarde de dejar sin número la sesión de Diputados— la formación de una comisión legislativa que investigara los fusilamientos de obreros patagónicos? Los antecedentes históricos no son para desechar nos tienen que servir para aprender a desconfiar, que es lo que hacen las Madres.

Las Madres desconfían de la justicia. Dicen: tenemos dos justicias, la militar y la cómplice. Y no están muy alejadas de la verdad, si somos honestos: si bien fueron relevados muchos jueces de la dictadura otros siguen como si el paso de la dictadura a la democracia hubiera sido un mero cambio protocolar en la Casa Rosada.

Y si seguimos siendo honestos también tenemos que comprender a las madres —hipersensibilizadas, sí, porque son las madres de los humillados, torturados y desaparecidos— cuando desconfían de esa comisión “Sabato”, donde si bien hay hombres incorruptibles, que estuvieron desde el primer momento en el frente de los derechos humanos, hay otros que coquetearon con los dictadores compartiendo sus almuerzos y sus aviones, o hicieron giras por el exterior hablando sobre “la pureza de la lengua” mientras en las calles argentinas se asesinaba a su mejor juventud y se quemaban libros.

No es el momento de reproches. Los enemigos son otros y no los que descubrieron los derechos humanos en 1982. Pero, por lo menos, debemos comprender la desconfianza de las Madres. ¿Cómo no desconfiar si el propio vicepresidente de la República y miembro de ese comité nacional que invitó a la manifestación, doctor Martínez, declara ser amigo del máximo verdugo de Córdoba?

Todo esto parecerá anecdótico a esos políticos amigos de la “Realpolitik”. Tal vez. Pero lo que no es anecdótico es el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo. Ellas fueron las que radicalizaron con su intransigencia el proceso de investigación de los crímenes militares. Sin ellas todo se hubiera arreglado en un “almuerzo de trabajo” entre políticos, militares y los eternos representantes de eso que en nuestro país —en una suerte de macabra ironía— se denomina “fuerzas vivas”.

Las comprendo bien a las Madres. Porque hasta ahora el gobierno democrático de los radicales se las ha arreglado para llevar a cabo magistralmente aquello de cambiar todo para no modificar nada.

Y las voy a seguir acompañando los jueves a las 15.30 en Plaza de Mayo. Porque ellas cumplen el más democrático, pacífico y antiautoritario de los derechos: el de peticionar. El de pedir justicia. Y tendrá que haber justicia porque si no se destruirá a la democracia en sus raíces.

Osvaldo Bayer, “Las Madres tienen razón de desconfiar”,  artículo publicado en la revista “El Periodista de Buenos Aires”, N° 2,  22 al 28 de setiembre de 1984, pág. 7.

 

 

Boedo tiene Memoria
Fue el sábado 18 en la Plaza Mariano Boedo

     

El terrorismo de Estado desatado por la dictadura cívico-militar borró una generación entera y sometió a los sobrevivientes por el imperio del terror. Nuestro barrio tuvo una larga lista de víctimas de encarcelamiento, tortura, desaparición y muerte. Conocer sus historias es honrar su memoria. Para esto, el año pasado se colocaron baldosas conmemorativas con los nombres de los 43 detenidos-desaparecidos de Boedo.

En un momento de nuestra historia en que vemos peligrar la lucha contra la impunidad como política de Estado, los/as vecinos/as y las organizaciones sociales y políticas del barrio elegimos tener memoria, por la verdad y la justicia.

La reunión convocada por las entidades de Boedo (1) incluyó la participación de números musicales, exposiciones e invitados especiales con la transmisión permanente de la Radio abierta de la Asamblea de Boedo. Estuvieron presentes el Teatro por la Identidad; las Abuelas Relatoras por la Identidad, la Memoria y la Inclusión social; Marcela Passadore, Juan Vattuone y el padre Carlos Saracini  cerró con sus canciones en el ámbito del patio de las baldosas conmemorativas. Se alternaron en la conducción María Virginia Ameztoy, Osvaldo Barros y Carlos Tyndyck.

(1) Entidades convocantes: Asociación Civil Cultural y Ambiental Todos por la Plaza de Boedo / Periódico Desde Boedo / Comisión por la Memoria de la Red de Cultura Boedo / Club Social y Deportivo Estrella de Boedo / Asamblea Vecinal de Boedo / AVEFA Asociación Civil de Vecinos Florentino Ameghino / Casa Osvaldo Soriano / Centro Cultural Patria Grande / UOT Unión de Orquestas Típicas / Abuelas Relatoras por la identidad, la memoria y la inclusión social / Familiares y compañeros de los 12 de la Santa Cruz. Y la adhesión de: El Gato Escaldado Libros / Comisión de Fotografía CCC5 / Biblioteca Mariano Boedo / Parroquia Santa Cruz

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