Amazonía: alerta verde

Por José Muchnik. Muestrario de hechos verídicos, otra mirada sobre los tiempos presentes para los habitantes del futuro. Abril 2019

CRÓNICAS POÉTICAS DEL TERCER MILENIO

Pachamama, madre tierra matricidio mama mía matan matan, más que una selva, más que un río, más que un sueño, Amazonía vida. Los hombres de Bolso atacan en nombre del progreso, destripan araras, abaten açaís, mancillan lunas. ¡Escuchad! Selva gime, árboles retorcidos, ríos envenenados. ¡Escuchad! Aguas hablar, acarrear lenguajes sin palabras, nubes de mercurio, peces putrefactos. ¡Escuchad! Aire sofocado, aves sin aliento, sus bronquios silbando en clave de fi. ¿Quién puede descifrar? ¿Traducir rezos del babaçú? ¿Llantos del uacarí? ¿Mirada del tucán en agonía? ¿Alguien puede revelar la clave? ¿Bolsonaro es el hombre de la bolsa? ¿Se lo imaginaban de manera diferente? ¿Sucio encorvado con su mochila a cuestas?

Así es, las bestias saben disfrazarse, limpiarse uñas, anudar corbatas, disimular intenciones. La bolsa es otra, la de valores, bolsa codicia especulación ignominia…,  valores de mierda en todas las bolsas, los mismos en Sao Paulo, New York, París o Shanghái. Valores que arrasan selvas suelos poblados, valores que transforman Amazonía en mercancía optimizando rentas de anónimas sociedades. ¡Dólares! ¡Dólares! ¡Dólares! ¡¿Qué importar la vida?! ¿In god they trust?

Así es estimados habitantes del futuro, así pasó, así está pasando. Poco importar al hombre de la bolsa, biodiversidad cambio climático culturas locales. Para él Amazonía ser business, tierra ser beneficios, campos de soja, ejércitos de ganado, yacimientos minerales. Por eso acabar con áreas protegidas, por eso sacar a la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) la responsabilidad de delimitar esas áreas y atribuirla al Ministerio de la Agricultura, léase del agro-negocio. Hombre de la bolsa decir “los indígenas son seres humanos como nosotros”, “los indígenas quieren ser emprendedores”, quieren “evolucionar”. Léase: a los indígenas les gustaría poder vender sus tierras, explotarlas como blancos lo hacen desde la colonización portuguesa, no como “salvajes”, no como fuente de vida en armonía con Dioses y cielos según su cosmogonía. Explotación business, madres y tierras deben venderse, nadie debe escapar a las leyes del mercado, ni los ancestros que reposan ahí desde milenios ¿Y quién las compraría? Adivinen ¿Quién podría comprar millones de hectáreas verdes? ¿Quién sería el mejor postor? Hombres de la bolsa sin duda alguna. Amazonía, sin las frágiles protecciones que le quedan, deberá ejercer la prostitución en burdeles del mercado, libre por supuesto, pues así lo predica el catequismo oficial, debe decirse “libre mercado”, todo puede / debe ser mercancía, disfrutar de la debida libertad ¿Es esa la libertad que anhelamos?

En estos momentos (fines de abril del año 2019) miles de mujeres, hombres y niños indígenas, acampan en Brasilia, golpean a la puerta del hombre de la bolsa para defender sus derechos. Nosotros también existir, nosotros tener nuestra cultura, nosotros cuidar de Amazonía desde el inicio de los tiempos. “El año 2019 comenzó en un contexto muy grave.

Hubo ataques e invasiones en las tierras indígenas, también persecuciones, expresiones de racismo e intolerancia para con los pueblos originarios”, denuncia el comunicado difundido por la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (Apib). “Vinimos aquí por una causa importante. Fue muy difícil para nosotros y nuestros antepasados conquistar estos derechos. Por eso vinimos acá para pedir más respeto”, dice Camila, una joven de 22 años, estudiante de la etnia Kaingang.

El poeta deambula a orillas del Tapajós murmurando: He visto / la selva palpitando / como un tambor de sangre / la selva abierta /como un amor inesperado / la selva en grito / como un río enceguecido / un río sin cauce / como caballos de piedra / huyendo espantados / hacia reinos diferentes / He visto / frentes humedecidas / por un sudor muy antiguo / noches alumbrando / verdes melodías / y el espesor de los sueños / en los campos partidos / He visto niños jugando / como juegan los niños / he visto niños sonriendo / como sonríen los niños / he visto niños trabajando / como trabajan los niños / jugando que son  grandes / con las vidas en la mano / He visto árboles / árboles abatidos / como abuelos centenarios / árboles en carne viva / como reyes solitarios / árboles suplicando / la llegada de otros cielos / He visto la tierra / la tierra en cenizas / derrotada hasta el horizonte / la tierra madre / la tierra novia / la procreadora del canto / y de los huesos / de las voces / y de los peces / la tierra avergonzada / sin rostro para las flores [1].

Vamos poeta, ven con nosotros. Luego de tres días de intenso debate, las mujeres de la tribu Mundurukú dieron la última palabra. Algunas señalaban a los hombres, otras lloraban, al final Maria Leusa Kabá, mujer que organizó la rebelión contra los mineros, levantó un cartel con las consignas “Paralizar la actividad minera ilegal en el área indígena, limpiar el territorio, expulsar a los invasores de las tierras munduruku”. “Antes había mucha comida aquí, pero el agua se contaminó, los peces desaparecieron. Algunos líderes indígenas argumentaron que la minería podía ser una bendición que no causaría tanto daño ambiental. Pero los beneficios del oro fueron modestos y pasajeros. Empezaron los brotes de diarrea entre los niños, la erosión de las minas le dio al río un color café. Los peces que por mucho tiempo fueron parte de la dieta de la comunidad ahora tenían rastros del mercurio usado para extraer oro. Estamos enfermos, física y espiritualmente” (https://www.nytimes.com/es/2018/11/11/amazonia-conservacion-bolsonaro/)

Hombre de la bolsa despreciar indígenas, también despreciar quilombolas, descendientes de esclavos africanos que, en ciertos casos, han logrado el reconocimiento de derechos sobre sus tierras. Hombre de la bolsa manipular el lenguaje.  El quilombola quiere que lo liberten” Entiéndase: tiene que tener el derecho a vender las tierras que hoy están protegidas y que “Se pueden explotar de forma racional, dándoles ‘royalties’ a los indios e integrándolos en la sociedad ¿Y quién podrá comprar esas tierras? La pregunta obvia se repite.

Hombre de la bolsa despreciar también a los científicos: cambio climático no existe, biodiversidad de la Amazonía ¿Para qué sirve? Hombre de la bolsa despreciar leyes de protección medioambiental “Son un obstáculo al crecimiento económico” ¿Qué crecimiento? ¿Qué economía?

El poeta pasa murmurando. El futuro es un relato abierto, depende de nosotros, hay muchos futuros posibles. Humanicidio, es el final que nos reservan los hombres de la bolsa, nos conducen al matadero como bestias, podemos aún rebelarnos, derrocar Demosátrapas, recordarles que existimos. María, líder mundurukú, replica. No sirve de nada poeta que sigas inventando palabras en el aire, debes plantarlas. Ven con nosotros, las palabras son como árboles, deben echar raíces en tierra apropiada. En Brasilia el hombre de la bolsa ordena a la policía disparar gases lacrimógenos contra los indígenas reunidos frente a su  Palacio de Gobierno.

El poeta rompe sus escritos, los dispersa a los cuatro vientos, niños contemplan trozos de poemas aleteando como mariposas. Continuará, así es estimados habitantes del futuro, continuará, la lucha por la vida continúa.

 

[1]. Extraído de “Amazonía he visto”, José Muchnik, 1997, Editorial Louma, Montpellier-Francia. El libro puede consultarse en http://ibuk.com.ar/f_muchnik_amazonia.html