Alvaro Yunque. La parca lo encontró silenciado

Por Osvaldo Vergara Bertiche *

 

El 8 de Enero de 1982, a los 92 años de edad, muere en la ciudad de Tandil, Provincia de Buenos Aires, el cuentista, dramaturgo, historiador, ensayista, periodista pero preponderantemente poeta (como a él le gustaba llamarse) Álvaro Yunque.

Silenciado por la dictadura del Proceso de Destrucción Nacional desde 1976. Prohibido y con libros quemados como tantos otros escritores y pensadores argentinos. La Parca, esa deidad que corta el hilo de la vida del hombre, lo arranca de entre nosotros cuando comenzaba la agonía del gobierno genocida.

Álvaro Yunque, seudónimo de Arístides Gandolfi Herrero, nació el 20 de junio de 1889, en la ciudad de La Plata.

Sus padres fueron Adán Gandolfi, nacido en Milán – Italia, y Angelina Herrero, argentina.

Por una suerte de capricho paterno o materno (o de ambos) o por espíritu lúdico, todos los hijos de este matrimonio (nueve en total) llevan nombres (como sus padres) que comienzan con la letra A: Álvaro (el mayor), Arístides, Ángel, Adrián, Angelina, Augusto, Ada, Alejandro y Alcides.

Si bien su hermano Ángel adoptó el seudónimo de Ángel Walk y fue pionero, junto con su esposa, Olga Casares Pearson, del radioteatro argentino, la estrella de la familia siempre fue Álvaro, quien a partir de 1922 se convierte en uno de los grandes animadores de las letras argentinas; definiendo y otorgándole a su literatura un sentido popular.

En 1896 sus padres se trasladan a Buenos Aires, y se radican hasta 1928 en la casa de la calle Estados Unidos 1822.
En 1901 ingresa al Colegio Nacional Central (ex Colegio San Carlos que fuera fundado por el Virrey Vértiz).

Terminados sus estudios secundarios, en 1908 ingresa a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires donde cursa Arquitectura y poco tiempo antes de graduarse abandona los estudios y desde ese momento su vocación se vuelca a las letras y al periodismo.

Fue decisiva su participación para la constitución del llamado grupo Boedo, entre los que se encontraban Nicolás Olivari, Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo, César Tiempo y Roberto Mariani todos escritores de “intención social”; aquellos que sus detractores (grupo Florida: Conrado Nalé Roxlo, Horacio Rega Molina, Oliverio Girondo, Ricardo Molinari, Jorge Luis Borges, Francisco Luis Bernárdez, Raúl Gonzalez Tuñón, Eduardo González Lanuza, Norah Lange y Ricardo Güiraldes.) les acusaban de tener escaso talento literario. Es que los del grupo Boedo eran simpatizantes y promotores de las expresiones de la cultura urbana popular.

Los de Florida, dirigían su preocupación hacia una nueva vanguardia estética, sin ingredientes ideológicos.

Los de Boedo, inclinando su interés a una literatura que refleje los problemas sociales, inspirados en el mundo del trabajo y la ciudad. En definitiva el arte puro confrontado con el arte comprometido.

No obstante, las diferencias conceptuales artísticas y el pensamiento social estaban inmersos en ambos grupos; Raúl Gonzalez Tuñón (grupo Florida) abordaba temáticas sociales en su poesía y su ideología revolucionaria lo relacionaba estrechamente con los boedistas. Por otro lado, Nicolás Olivari, habiendo sido uno de los fundadores del grupo de Boedo, es uno de los primeros en abandonarlo para pasarse al de Florida.

Algunos integrantes de Florida manifiestan preocupaciones por los problemas sociales y algunos de Boedo se interesan por las nuevas técnicas literarias.
Leónidas Barletta afirmó que los dos grupos desaparecen definitivamente cuando encuentran un enemigo en común: la dictadura militar del 6 de septiembre de 1930.
De todas maneras vale la pena reconocer el talento, el ingenio y el compromiso de Álvaro Yunque, en un poema en que se refiere, justamente, a los del otro grupo:

Retruque a un poeta de Florida
¿Pa’ vos es una blasfemia/ que yo afile versos rantes?/ Seguí vos con tu Academia,/ yo me junto con Cervantes.// ¿Vos le negás tu versada/ a las chusmas del suburbio;/ vos sos agua filtrada/ y ellos son arroyo turbio?// No esperaré que apadrines/ nuestro canyengue, es bastardo;/ vos seguí con tus latines,/ yo me quedo en mi lunfardo.// Veremos, a fin de cuentas,/ quién de los dos era el turro,/ si vos con tus ornamentas/ o si yo con mi champurro (1).// Ya alumbraremos la vida/ si nos da fósforo el genio;/ vos, poeta de Florida,/ yo del arrabal porteño.

 

Yunque colabora en el diario anarquista La Protesta y dirige el suplemento literario del periódico socialista La Vanguardia en sus primeros tiempos. Dirige la Revista Rumbo y es asiduo colaborador de las revistas Campana de Palo, Claridad y Los Pensadores desde las que ejerce un periodismo militante.

    

   

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Publica su primer libro Versos de la calle, en 1924. Roberto Payró le hace una crítica elogiosa en La Nación y Yunque lo visita y comienza una amistad que se prolonga hasta la muerte de Payró en 1928. Colabora en diarios de la época: Crítica, La Nación, La Prensa y en algunos de Montevideo (Uruguay), Rosario y La Plata. Se publican sus cuentos en los cuales los personajes son animales. Muchos de esos cuentos integran hoy el libro Animalía de la Editorial Alfaguara publicado en el año 2000.

En 1925 aparecen sus primeros libros de cuentos: Zancadillas y Barcos de Papel.

Acentúa, desde 1930, con el golpe de Estado y durante toda la Década Infame, su crítica y denuncia. Publica Nudo Corredizo, La O es Redonda y Poemas Gringos.

Colabora en la revista Caras y Caretas y por su intermedio se vincula con Viana, Francisco Grandmontagne, Charles de Soussens, Leopoldo Lugones, Manuel Ugarte, Horacio Quiroga, José Ingenieros, Correa Luna, Ricardo Rojas, Florencio Sánchez, Evaristo Carriego y otros.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939/1945) se define como antifascista militante. Comienza su investigación histórica sobre el pasado argentino, publicando Alem, el Hombre de la Multitud; Breve Historia de los Argentinos, Calfucurá: El Cacique de las Pampas y otros ensayos históricos.

En el año 1960 la Academia Nacional del Lunfardo lo designa Académico de número por sus estudios e investigaciones. Publica La Poesía Dialectal Porteña.

Entre 1961 y 1975 se publican y reeditan muchos de sus libros de poesía, cuentos y estudios históricos. Esta es la etapa de mayor difusión de su obra. Sus libros de cuentos se agotan rápidamente y llegan a superar las veinte ediciones, y en 1975 la Sociedad Argentina de Escritores le otorga el premio Aníbal Ponce por su ensayo crítico Aníbal Ponce o los Deberes de la Inteligencia.

En 1979 fue galardonado con el Gran Premio de Honor por La Sociedad Argentina de Escritores.

Álvaro Yunque, de extracción anarquista tolstoiano, al decir de Raúl Larra, “se declaraba ciudadano del mundo”, pero devino “en un escritor de profundo acento argentino. Su idioma tiene connotaciones coloquiales típicamente nuestras, registra los significantes y significados de la rica habla popular”.

La producción literaria de Yunque, cuentística, ensayística, periodística y su poética, nos muestra un mundo en el que conviven dos grupos humanos: los explotados y los explotadores.

En toda su obra se acentúan las injusticias que rompen con la armonía, la paz y la igualdad a las que aspiraba el autor.

Los conflictos sociales y culturales que Yunque conoció a lo largo de toda su vida; con toda seguridad como Manzi, o como Discépolo o como Cátulo Castillo “atorranteando atardeceres” por los suburbios y en un momento histórico determinado; le hacen sentir, con mayor dolor, la violencia, la injusticia y la desigualdad a las que se ven sometidos aquellos “integrantes más bajos del escalafón social, las víctimas más inocentes, y las que sufren en mayor grado los efectos de los explotadores: los chicos de los barrios”; esos niños de la calle que se convierten en protagonistas de sus historias.

Álvaro Yunque en su condición de poeta del pueblo, escribió para chicos y grandes, y recorrió los registros coloquiales del habla argentina para convertir en lenguaje poético los giros populares de nuestro país.

Es el tema de la condición humana el que está presente en toda su producción literaria.

En su producción de obras teatrales, él mismo las clasificó en: teatro para la imaginación, para la revolución, para sonreír y pensar, para que el espectador se reconozca, para la emoción, y para reírse de uno mismo.

Así cultivó desde la farsa hasta el drama, pasando por el teatro del absurdo, la comedia y el teatro infantil y juvenil. Muchos de sus relatos fueron dramatizados y puestos en escena por parte de algunos de los grupos independientes con los que Yunque mantuvo, siempre, una fructífera relación.

En su faceta de ensayista mostró la amplia variedad de sus conocimientos e inquietudes: pedagogía, historia de la literatura argentina, denuncias político-sociales y, aquellos sobre historia argentina “concebidos como un intento exigente y riguroso de interpretar la historia de la Nación a través de un prisma sociológico”.

Muchos argentinos hemos leído a Álvaro Yunque; muchos argentinos quisiéramos ver a nuestros nietos leyéndolo y saber que también los nietos de ellos lo harán, porque él mismo nos lo dice cuando dice:

“Niños, el mundo no es perfecto, niños./ Y por eso vosotros habéis nacido./ ¡Nacisteis, niños,/ para hacer lo que nosotros/ Hombres, no hicimos”.

 

  1. champurrear: hacer algo con descuido, expresarse mal en una lengua extranjera por no dominarla suficientemente.

* Presidente del Instituto Federal de Historia Argntina e Iberoamericana “Coronel del Pueblo Manuel Dorrego”. Presidente del “Capítulo Argentina”. Sociedad Académica de Historiadores Iberoamericanos – México