A les otres

Si el lenguaje inclusivo produce alguna modificación está del lado de alterar el idioma, no de otorgar derechos conculcados a alguna minoría. Mario Bellocchio

Frecuentemente los defensores del lenguaje inclusivo se quejan de que padecen la burla por el uso de la “e”, por ejemplo.

Particularmente, no me burlo, ni mucho menos. Simplemente no estoy de acuerdo y no me parece que este desacuerdo o la aprobación de las transformaciones lingüísticas –que proponen o imponen, según la ocasión– modifiquen la existencia de nadie. O mejor analizado: si producen una mutación está del lado de alterar el idioma no de otorgar derechos conculcados a alguna minoría. La tolerancia y la convivencia están en otro lado, por fuera del idioma. Ningún “diferente” va a ser más “tolerado” porque se diga todes o nosotr@s o todxs y la escritura y la lectura se afectan intensa e innecesariamente.

Si a todos/as los neologistas se les diera por introducir modificaciones simultáneamente terminaríamos en una torre de Babel contemporánea. No vaya a ser que a la anquilosada RAE se le incorporara un renovador que aceptara todas las innovaciones idiomáticas para que los que se sintieron afectados creyeran que la intolerancia por elección sexual ha quedado derogada en la convivencia universal.

Santiago Kalinowski(1)  dice mucho más que el título escandalizador que le inventaron en Página|12: “Prohibir la ‘e’ es persecución política”(2) (¡Ah los “tituleros” con tal de llamar la atención!). “No es un fenómeno de cambio lingüístico sino que es un fenómeno retórico” –señala– que es “la configuración discursiva de una lucha política”. “El objetivo del inclusivo no es cambiar la gramática, no le importa. Hay gente que puede decir que sí pero en realidad es una intervención que lo que busca es terminar con mujeres asesinadas, mujeres que cobran menos por el mismo trabajo, mujeres que no pueden caminar por la calle tranquilas. De modo que ahí tiene una enorme ventaja”. Señala, sin embargo, que “ningún grupo minoritario, por más poderoso que sea, puede cambiar la gramática de una comunidad”. Excelente y esclarecedor artículo que agrega nuevos elementos a la polémica.

De todos modos, sesudo análisis del lingüista mediante, sería conveniente discriminar, cuanto menos, el uso posible del paralenguaje inclusivo. Distinguir una crónica cotidiana de corte periodístico de la incorporación lisa y llana al idioma, me resulta imprescindible.

De mí y por mí sostengo que así como durante mi vida –extensa, por cierto– un buen día incorporé a la lectoescritura el voseo (cuando yo comencé a ver cine argentino se hablaba de tú y en la “escuela del primero superior y el sexto grado” se enseñaba el tú –que los uruguayos solucionaron con el ambivalente “tu tenés”–) así, si este lenguaje que parecen querer imponer los juveniles grupos inclusivos se asienta como modo hablante y escribiente, vamos a terminar aceptándolo. Pero, sin embargo, lo más adecuado sería no creer que la pírrica victoria sobre el lenguaje se transforma en reinvindicaciones del comportamiento en forma automática. Creer que el femicidio o la persecución sexista se solucionan con una “e” es, lisa y llanamente infantilismo idiomático.

En mí reconozco la prevalencia de los prejuicios etarios por sobre las aprobaciones filosóficas o ideológigas.

Sepan disculparme.

 

                                                       Mario Bellocchio

 

  1. Santiago Normann Kalinowski (1975). Lingüista / lexicógrafo. Licenciado en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Profesor en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA)
  2. Por Sonia Santoro (https://www.pagina12.com.ar/241461-santiago-kalinowski-prohibir-la-e-es-persecucion-politica)