La gripe “española”

Hace ya más de un siglo –1918– aparecía la gripe llamada española –de origen norteamericano– el peor brote de influenza de la historia. Mario Bellocchio

Hace ya más de un siglo –1918– aparecía la gripe llamada española –de origen norteamericano– el peor brote de influenza de la historia que se extendió a gran velocidad por todo el mundo: en sólo 18 meses infectó a un tercio de la población mundial y se cobró la vida de 50 millones de personas, cinco veces más fallecidos que en la Primera Guerra Mundial. La secuencia genética de la cepa del virus – virus Influenza A del subtipo H1N1– que la causó recién se determinó en 2005. Se trataba de un virus de parecidas características al que hoy nos tiene recluidos. Paralelos y diferencias con aquella peste.

Por qué “española”

Gilbert Michell de Fort Riley en Kansas (EEUU de Norteamérica) un cocinero del ejército declarado enfermo a partir del 4 de marzo de 1918, se consigna como el primer afectado registrado por la gripe que terminaría llamándose “española”.

Horas después ya se contabilizaban decenas de casos, hasta el punto de tener que habilitar un hangar para los enfermos, pues el hospital no tenía capacidad suficiente. Claro que en esos tiempos no había que cerrar los inexistentes aeropuertos civiles para frenar al turismo pero la Primera Guerra reclamaba ingente envío de tropas en su momento culminante y el desparramo se hizo inevitable.

Tras registrarse los primeros casos en Europa, al parecer en Francia, la gripe pasó al Reino Unido, después a Italia, más adelante cruzó a Alemania y por último a España, un país neutral en la guerra que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias, de ahí que, pese a ser un problema internacional, se le diera este nombre por parecer en las informaciones de la época que era el único país afectado.

Se siguió mandando tropa

El presidente estadounidense Woodrow Wilson consultó con el general Peyton C. March, jefe del estado mayor estadounidense desde mayo de 1918, si deberían suspender los envíos de tropas a Europa para no propagar la epidemia, pero March le indicó que una noticia así podía perjudicar mucho la marcha en el frente al saber la Triple Alianza los problemas entre las filas de su enemigo.

Por esta razón Wilson no detuvo los envíos, pese a llegarle informes de que sus ciudadanos estaban enfermando e incluso muriendo en los barcos al declararse la gripe a bordo. En agosto de 1918 –el armisticio se firmó el 11 de noviembre– ya eran cerca de un millón y medio de soldados estadounidenses desplazadas a Europa, muchos enfermos de gripe.?

Pese a todo lo peor estaba por llegar. Aunque ciudades como Madrid habían pasado lo más duro, la segunda oleada de 1918 afectó tanto a las ciudades como a pequeños municipios del mundo rural. El 75 % de las muertes se cree que acontecieron en la segunda oleada de 1918. Aunque esta epidemia comenzó siendo una gripe relativamente benigna, su mortalidad fue aumentando progresivamente (1).?

Las aglomeraciones mortales

En Zamora, España, lugar especialmente castigado por la epidemia, investigaciones posteriores establecieron que la concurrencia masiva a los cultos convocados para rogar por la salud fue la mayor causante de los contagios. Ante la aparición del brote las autoridades de la Iglesia Católica indicaron que “el mal podría ser una consecuencia de nuestros pecados y falta de gratitud, la venganza de la eterna justicia ha caído sobre nosotros”. Por este motivo, organizaron actos religiosos masivos en la Catedral de esta ciudad, lo que contribuyó a la expansión del virus (2) La ciudad de Zamora fue una de las que registraron una tasa de mortalidad más alta, con un pico de un 10,1% –llegó hasta 200 muertos diarios– en octubre de 1918.

28 de septiembre de 1918 desfile de “bonos de guerra” en Filadelfia

El sábado 28 de septiembre de 1918, un desfile de “bonos de guerra” trajo a 200 mil personas felices a Filadelfia. Sin embargo en las semanas posteriores, los habitantes de la populosa ciudad norteamericana estaban muriendo a un ritmo alarmantemente acelerado. La pandemia de gripe, conocida como la “gripe española” se había extendido por la ciudad.

Para octubre, la devastación era palpable. En un día, el 12 de octubre de 1919, 800 ciudadanos murieron víctimas de la gripe –la mayoría de las muertes en un solo día de la epidemia–, y durante las siguientes seis semanas, murió un habitante de Filadelfia cada cinco minutos a causa de la enfermedad. Para cuando el contagio se evaporó, en marzo de 1920 (nadie sabe por qué), había cobrado 20.000 vidas.

La enfermedad probablemente ingresó a la ciudad con marineros ya infectados en el Navy Yard, y durante mucho tiempo se pensó que recibió un gran impulso en el desfile masivo de bonos de guerra del 28 de septiembre de 1918. (3)

La epidemia en la Argentina

La epidemia de gripe española en la Argentina es un suceso olvidado, dado que por diversas razones hasta ahora no se ha tomado como objeto de investigación. Lo cierto es que esta epidemia formó parte de la realidad del país al generar una alta mortalidad y poner al desnudo la impotencia del Estado y de la élite médica frente a un fenómeno difícil de combatir.

La enfermedad ingresó al país en 1918 por el puerto de Buenos Aires y avanzó en dos oleadas. Primero se propagó hacia el norte del territorio, entre octubre y noviembre de ese año. Y permaneció latente hasta el invierno de 1919, cuando comenzó a descender desde Salta hacia las provincias del centro y sur. Según el Departamento Nacional de Higiene, la primera oleada provocó 2.237 muertes, mientras que la segunda tuvo un mayor impacto: 12.760 casos fatales, la mayoría de ellos en las provincias del norte y Cuyo.

No es una novedad el uso político de una pandemia

Se analiza el tratamiento periodístico que los diarios La Nación, La Voz del Interior y Nueva Época dieron a la epidemia y sus repercusiones. Cada diario utilizó la enfermedad para oponerse políticamente al Gobierno nacional, provincial o municipal.

Para los investigadores que se citan como referencia, los tres periódicos utilizaron la epidemia para desarrollar una oposición política con el propósito de generar una opinión contraria al Gobierno.

El análisis realizado muestra que mientras La Nación generaba una crítica sutil hacia el Gobierno radical (nacional y municipal), haciendo hincapié en las contradicciones entre el discurso y las medidas adoptadas, La Voz del Interior arremetía con menos delicadeza en contra del Gobierno provincial, acusándolo de electoralista, ineficiente y corrupto, frente al trabajo desinteresado de la municipalidad de Córdoba. El diario Nueva Época, en tanto, criticaba por igual al Gobierno nacional, provincial o municipal. (4).

Las medidas de salud pública

Toda la familia con barbijo, incluso el gatito

Al igual que en estos días el uso de máscaras de tela se convirtió en obligatorio para todas las personas que desempeñaran trabajos de atención pública. Esta recomendación sanitaria se extendió al resto de la población para evitar que la enfermedad se propagara con tanta facilidad. Los gobiernos tomaron medidas preventivas para intentar parar la crisis. Tal como ahora, se cerraron teatros, circos, talleres, fábricas y locales públicos; se suspendieron eventos; se prohibió la importación de mercancías desde Marruecos; se identificaron a los extranjeros que ingresaban en las poblaciones y se prorrogaron clases, matrículas y exámenes.

Los periódicos de la época publicaban anuncios con remedios milagrosos: elixires, aguas medicinales, tónicos y otros. Se recomendaba tomar analgésicos en dosis que ahora se considerarían contraproducentes e incluso se sugería que la gente fumara porque se pensaba que la inhalación del humo mataba a los gérmenes.

En 1919 la enfermedad ya fue mucho menos virulenta por estar la mayoría de los organismos adaptados al virus. Finalmente en 1920 aún se detectó un último repunte, pero no hubo más. Sin embargo, los efectos negativos sobre la población siguieron produciéndose en forma de mortalidad infantil al perder los niños a uno de los dos progenitores y en algunos casos a los dos.

Con todo la gran epidemia de la gripe desapareció de una forma muy parecida a como había empezado, entre otras razones por estar la mayoría de los supervivientes inmunizados. Así el virus de 2009 que pertenece a la misma familia del H1N1 resultó mucho menos letal (5).

Enfermos célebres

Manuel García Prieto, presidente del Gobierno de España; Edvard Munch, artista noruego que pintó su autorretrato enfermo; Guillermo II, emperador de Alemania; Lloyd George, primer ministro británico; Franklin Delano Roosevelt, asistente del secretario de marina y futuro presidente estadounidense; Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos.

Víctimas famosas

Rodrígues Alves, presidente de Brasil (f. 16 de enero de 1919); Guillaume Apollinaire, poeta francés (f. 9 de noviembre de 1918); Louis Botha, primer ministro de la Unión de Sudáfrica, (f. 27 de agosto de 1919); Gustav Klimt, pintor austríaco (f. 6 de febrero de 1918); Edmond Rostand, dramaturgo francés, conocido por su obra Cyrano de Bergerac, (f. 2 de diciembre de 1918); Max Weber, economista político y sociólogo alemán (f. 14 de junio de 1920).

 

  1. Información recopilada por https://es.wikipedia.org/wiki/
  2. Tesis del trabajo liderado por el epidemiólogo del Hospital Clínic Universitario de Barcelona, Antoni Trilla, publicado en la prestigiosa revista Clinical Infectious Diseases. La Opinión de Zamora (La gripe del siglo) 2008.
  3. Philadelphia Inquirer.
  4. Adrián Carbonetti. Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. acarbonetti@cea.unc.edu.ar. Historia de una epidemia olvidada. La pandemia de gripe española en la argentina, 1918–1919. Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (Ciecs) dependiente de la UNC y Conicet.
  5. Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS); Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC)
  • Fragmento de tapa de Caras y Caretas Nº 2365