El “Pipi” colgó los botines

¡El Pipi no se va…, el Pipi no se va…! Resulta una verdad a medias, porque el Pipi se queda en el club como manager.

Pero el prodigio de los pies teledirigidos, de los quiebres de cintura imposibles, de jugadas milagrosas como cuando, caminando por la cornisa del descenso en 2012, se mandó una de galera y bastón y se la colocó a Gigliotti… ¡Gol, carajo, goooool! 3 a 2 a Newell’s , después de 0-2…,  y el descenso dejó de ser fantasma.

El Pipi no encontró el título de ídolo, se lo ganó desde sus primeros partidos en el Bajo Flores en 2004. Desde entonces disputó más de 150 encuentros, conquistando el Clausura 2001, la Copa Mercosur 2001 y la Sudamericana 2002. Formó parte de un plantel inolvidable en el título local de 2001 de la mano de Manuel Pellegrini.

Siempre consideró a San Lorenzo como su casa. Ahí nació, en sus inferiores, desde 1998 hasta 2004 en que se fue de gira. Tuvo un paso intrascendente por los Tiburones Rojos de Veracruz (2004-2006) y fue nuevamente transferido, esta vez al Sporting de Lisboa (2006-2009). En el Sporting ganó 4 títulos, 2 Copas de Portugal en 2007 y en 2008 y 2 Supercopas de Portugal, en los mismos años. En 2008 empezó a tener menos apariciones y finalmente, quedó “relegado” del equipo por lo que decidió retornar a San Lorenzo, rechazando una oferta hecha por Fluminense.

Vendrían años consagratorios. La ansiada y esquiva Libertadores por fin se rendiría a los pies del ídolo que tuvo que renunciar a un precontrato con el Recife de Bahía y poner plata de su bolsillo para seguir siendo cuervo. Pero la Copa vino a casa en los brazos tatuados del Pipi.

En agosto de 2015, a los 34 años, pasó por el quirófano por quinta vez. Un dolor en la rodilla. La maldición de las lesiones no terminaba de ahuyentarse. Tanto que decidió operarse en una zona donde ya tenía antecedentes quirúrgicos. Había pasado por el cuchillo en cuatro oportunidades, dos de ligamentos y otras dos de meniscos, una hernia y una fractura en el codo izquierdo. El consenso de los hinchas rondaba la pérdida del ídolo como jugador activo. Cuentan en charlas de vestuario que cuando sufría sinovitis se sacaba líquido de la rodilla con una jeringa para recuperarse lo antes posible y jugar al fútbol. Pipi  traducía su eterno romance con la pelotavccon “Tengo ganas de jugar, la cancha sigue siendo mi lugar en el mundo”.

Y aunque regresaría con sus destellos, ya no serían sus tiempos de gran vigencia. Y llegó el momento del adiós a la gramilla.

Leandro Atilio Romagnoli, en sus etapas en el Ciclón, disputó 396 partidos y convirtió 36 goles. Con los seis títulos logrados es junto a José Hipólito Fossa (la misma cantidad de coronaciones entre 1923 y 1933) el más ganador de la historia de Boedo. “Ahora esperamos que nos dé un gran manejo en el día a día con el plantel. Romagnoli ve muy bien el fútbol y podrá evaluar a los posibles refuerzos. Nos va a dar una mano muy grande y tiene un buen perfil para desarrollarse como manager”, comenta el presidente Matías Lammens.

¿Cuál es el mejor gol de tu carrera, Pipi?: “Creo que el tercero de los cuatro que le hicimos a Atlético Nacional en Medellín en la Sudamericana 2002”. “Significaba mucho por el peso del partido, era una final. Tomé la pelota en el costado izquierdo, un compañero me la devolvió y corrí por la línea. Después me saqué a dos jugadores de encima, enganché para adentro y le pegué al arco. No fue un buen tiro pero terminó redondeando un lindo gol”, se sinceró.

¡Chau Pipi! ¡Hola Leandro Atilio! Elegí bien…, con que se parezcan un poquito a vos ya es un buen comienzo para armar un equipazo.

¡El Pipi no se va! ¡El Pipi no se va! Canta la hinchada… Y el Pipi accede y nos deja este recuerdo: su último gol para el Ciclón, una joya, como todo lo suyo.

Hoy, jueves 7 de junio, considerando que su ciclo como jugador estaba cumplido y aceptando el ofrecimiento de Lammens para ocupar el cargo de manager emitió su despedida formal

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