100 años de Mario Bunge

21 de septiembre de 2019. El gran científico argentino Mario Bunge cumple hoy 100 años
Por Fernando Del Corro

Bunge es partidario de que entre los historiadores ha predominado una visión “preponderantemente consagrada a cantar glorias de su respectiva nación y a echar tierra sobre sus inequidades”, algo que puede observarse desde la leyenda romana de Rómulo y Remo, pasando por la española del nefasto Carlos I y hasta en nuestra imagen mitrista de la Argentina continuada hasta nuestros días que descalifica a los que no la compartimos para beneplácito de los sectores dominantes.

 

Nacido en el pueblo de Florida, en el Partido de Vicente López, el 21 de septiembre de 1919, el gran científico Mario Augusto Bunge desde hoy es centenario lo que no le impide seguir aportando sus enormes conocimientos a la humanidad como hizo hasta hace poco desde la Cátedra Frothingham de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill, de Montreal, Canadá, ya jubilado pocos años atrás, después de haberlo hecho tanto en la propia Argentina como en Alemania, Australia, Dinamarca, México, los Estados Unidos de América, Suiza y el vecino Uruguay y aun transmitiéndolos por todo medio que tenga a su alcance.

“Marucho”, como se llama a sí mismo, quién se mantiene activo enviando y respondiendo correos electrónicos por Internet, con los que me honra, es ensayista, escritor, filósofo, físico, genetista, sociólogo y, como se ha señalado, profesor universitario, habiendo sido distinguido con la Beca Guggenheim en Colorado, EUA, en 2009; por el Fellow of the Committe for Skeptical Inquiry, de Amherst, Nueva York, EUA; con el Premio Konex, en la Argentina, en 1986, en Lógica y Teoría de la Ciencia y en 2016 en Lógica y Filosofía de la Ciencia; con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, en España, en 1982; con el Premio Ludwig von Bertalanfly, en Alemania, en 2014; entre otros reconocimientos que incluyen 21 doctorados honoris causa y cuatro profesorados honorarios otorgados por universidades de América y Europa, siendo, además, miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia y de la Royal Society of Canada, desde 1984 y 1992, respectivamente.

Militante del Partido Comunista en su juventud y luego devenido en impulsor del cooperativismo como forma de socialismo, se graduó como físico en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, la misma en la que el pasado 17 el candidato presidencial Alberto Ángel Fernández, acompañado por varios miembros de su equipo, realizara una gran convocatoria para impulsar el desarrollo científico en la Argentina.

En la misma UBA y, previamente, en la Universidad Nacional de La Plata comenzó su notable carrera como docente que lo llevó a ser convocado por numerosas casas de altos estudios, como se ha señalado, mientras ya, en 1943, siendo un jovencito veinteañero publicó su primer libro, titulado “Temas de educación popular”, editado por “El Ateneo”, al que siguió “La edad del universo”, aparecido en La Paz, Bolivia, en 1955, desde entonces otros 54, el último de ellos “Memorias entre dos mundos”, dado a conocer en 2014 en Barcelona por la Editorial Gedisa.

Entre otras obras cabe mencionarse “¿Tiene porvenir el socialismo?”, en 2013, por la Editorial Universitaria de Buenos Aires, en coautoría con Carlos Gabetta, Joseph Fontana, Antoni Domenech, Antonio Gutiérrez y Mariano Schuster; “Las pseudociencias ¡vaya timo!”, en 2010, publicada por Laetoli, hoy empresa impulsora de su reconocimiento a través de la “Biblioteca Bunge”, en Pamplona; “Filosofía política. Solidaridad, cooperación y democracia integral” en 2009 en. Barcelona, por Gedisa; y en 1982 “Economía y filosofía”, en Madrid, por Tecnos.

Hijo del médico y diputado socialista Augusto Bunge y de la enfermera alemana María Müser, “Marucho” comenzó su carrera docente dictando “Física Teórica y Filosofía” para avanzar luego a otros temas en los que sintió la influencia de su padre; la del físico checo Guido Beck, del matemático argentino Alberto González Domínguez; del matemático, físico e informático Manuel Sadosky, también argentino; del sociólogo y psicólogo italiano Gino Germani; del sociólogo estadounidense Robert King Merton; y del filósofo, epistemólogo y químico polaco Émile Meyerson, según el mismo lo señalara.

De hecho también sus obras son coincidentes con las de otro casi centenario, el húngaro George Polva, quién vivió 98 años, al considerar a las matemáticas como un fundamento del pensamiento filosófico, en lo que, con la modestia del caso, también comparto. Unos 70 matemáticos, entre ellos el finlandés Lars Ahlfors, han planteado igual criterio.

Precisamente dicho criterio, que tuvo muchos adherentes en los EUA, llevó a Bunge a fundar la Sociedad para la Filosofía Exacta.

En ese marco, Miguel Ángel Quintanilla Fisac, catedrático del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca y dirigente del Partido Socialista Obrero Español, ha señalad que Bunge no es solamente un académico y científico “sino también una fuente continua de inspiración y novedad en cualquiera de los campos más relevantes de la filosofía actual”.

Es que “Marucho”, además de sus aportes filosóficos en semántica, ontología, gnoseología, metodología de la investigación, praxiología y ética, son importantes los realizados en biología, psicología y ciencias sociales, como, esencialmente lo relacionado con lo ya referido sobre la lógica y las matemáticas. Vale recordar lo señalado por él al respecto: “Es verdad que en la ciencia no hay caminos reales, que la investigación se abre camino en la selva de los hechos, y que los científicos sobresalientes elaboran su propio estilo de pesquisas”.

Alguna vez también nos dirigió un mensaje a los historiadores ya que, aunque no haya sido él un profesional como tantísimos de nosotros, se lo puede considerar un revisionista en el sentido real de esta palabra, el que revisa, no es quién a un relato le opone otro. En ese sentido su criterio es que en la historia ha predominado una visión “preponderantemente consagrada a cantar glorias de su respectiva nación y a echar tierra sobre sus inequidades”, algo que puede observarse desde la leyenda romana de Rómulo y Remo, pasando por la española del nefasto Carlos I y hasta en nuestra imagen mitrista de la Argentina continuada hasta nuestros días que descalifica a los que no la compartimos para beneplácito de los sectores dominantes.

Ello se enlaza con el hecho de ser Bunge un impulsor del realismo científico que va más allá de las visiones ingenuas o simplemente críticas y que él llama “hilorrealismo”, de hyle, en griego materia, aunque en otras áreas como la estética, las matemáticas y la política haya optado por diferentes alternativas. Y, precisamente, sobre la política, señaló que

Ningún partido, una vez que está en el poder, puede darse el lujo de guiarse estrictamente por su propia ideología, porque pronto descubre que el mundo real es demasiado complejo y cambiante para ser descripto con precisión por una ortodoxia … y porque el ejercicio del poder exige la negociación y el compromiso”. Algo, esto último, que en la Argentina se olvidó durante los últimos años y que hoy surge como una necesidad.

Como señalara Quintanilla Fisac, “Bunge es un filósofo ilustrado, racionalista, materialista, crítico, comprometido con la ciencia y con una concepción progresista de la sociedad y la política. Por eso ha sido y sigue siendo un filósofo esencial para nuestro tiempo. Ahora que las posibilidades de que los ciudadanos accedan al conocimiento de la filosofía están viéndose reducidas en los planes de estudio, la iniciativa de la editorial Laetoli, creando esta biblioteca de obras esenciales, debe ser bienvenida”.

Y al cumplir este gran pensador un centenario de vida será importante que no solamente sea reconocido entre los grandes pensadores del mundo sino que el mismo alcance la difusión merecida entre los argentinos y que el próximo gobierno aporte para ello de manera de contribuir a terminar con una economía neoclásica de “brillante apariencia científica”, al decir de Bunge, pero que no estudia la realidad, ignora la historia, no se preocupa por el medio ambiente ni por el poder de las transnacionales.

Precisamente en ese sentido resulta importante que la Editorial Universitaria de Buenos Aires haya decidido publicar “El último ilustrado. Homenaje al centenario del nacimiento de Mario A. Bunge”, un libro basado en la compilación realizada por el destacado académico Antonio Anselmo Martino, que será presentado el próximo martes 24 a las 18 en la Avenida Rivadavia 1573, oportunidad en la que expondrán el propio Martino y los panelistas Guillermo Denegri, Nora Bär y Ximena González.

 

Bunge es alguien quién cuando el diario “El Comercio”, de Lima, dijo de él que “El filósofo argentino es hoy un caso único de productividad y amor por la ciencia”, al cumplir 98 años, lo consultó sobre cómo había hecho para llegar en tan excelentes condiciones, respondiera que fue posible al

No leer a los postmodernos, no fumar, no beber alcohol y no hacer demasiado deporte, mantener ágil el cerebro: si uno deja de aprender el cerebro deja de funcionar”.

                                                                                                                                Fernando Del Corro

 

 

 

(N. de la R.) Bunge: el kirchnerismo “pasará a la historia por sus méritos reales y la oposición por su estupidez política”.

El filósofo argentino Mario Bunge, que fue en su momento frecuente crítico del “peronismo de Perón y Eva” –aunque siempre ponderó su legislación social y la conquista del voto femenino–, señaló en una reciente entrevista de hace cuatro años para “La gaceta” de Tucumán: “el kirchnerismo pasará a la historia no por presuntos negocios ilegales sino por sus méritos reales, y la oposición por su estupidez política y su complicidad tácita con el Imperio”, y señaló, además, que esa oposición “se niega a ver una novedad importante: la formación de un frente único sudamericano anti-imperialista, el primero en 200 años” .

Durante la entrevista, Bunge, uno de los mayores pensadores de Argentina, aseguró que su “aporte más significativo al pensamiento contemporáneo” fue su “trabajo de axiomatización realista, pero no clasicista, de varias teorías físicas, en particular la cuántica; y la construcción de una filosofía cientificista, y por tanto realista, materialista, sistemista y humanista”. (M.B., 21/09/2019).