100 años de la esquina del Cao

En Independencia y Matheu, hace un siglo, se inauguraba el edificio en el que se asentarían los hermanos Cao durante más de setenta años y sería el origen del actual “Bar de Cao”

Durante más de 70 años fue el almacén con despacho de bebidas “la Armonía”. Los hermanos Cao, sus fundadores asturianos, hicieron tierra firme en Independencia y Matheu: crearon su segundo hogar, un espacio de encuentro para los vecinos, una esquina imprescindible para San Cristóbal. La venta de quesos y fiambres, productos secos al peso, especialidades españolas, conservas y artículos para el hogar convivía con el ritmo de una familia unida y numerosa. Fue el bar elegido por León Ferrari, el momento del día preferido de Guillermo Pérez Bravo, la esquina que Otilia Da Veiga inmortalizó en un poema, el escenario preferido para las ficciones de Edgardo Lois. Cada uno de sus parroquianos se ha apropiado del bar a su manera y hoy son los protagonistas de un nuevo capítulo en su historia.

“A mi mesa se sentaron las tres hijas de José María ‘Pepe’ Cao, uno de los hacedores de este refugio en Buenos Aires; Alicia, Irma y Mirta” –decía Edgardo Lois en su nota “El bar de Cao” publicada en junio de 2012, un relato cargado de evocación y cronología.

[…] Ramón, el mayor de los Cao, llegó a Buenos Aires cerca de 1920. Venía a abrir camino para los hermanos. Cinco años después arribó Julio. Provenían del norte de Asturias, España, del pueblo San Tirso de Abres: pura montaña y campo. Para ganar el sustento realizaron trabajos varios e inciertos, hasta que cerca de 1925 alquilaron la esquina, construida en 1915, de Matheu e Independencia. Las Cao no guardan certeza: “¿la esquina ya era almacén y despacho de bebidas? ¿Fueron ellos los iniciadores?”, quizá, podría ser, porque a Vicente le gustaba mucho la madera noble y estaba orgulloso del elemento madre de las entrañas del boliche

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VICENTE Y PEPE EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DE TRABAJO CONJUNTO

[…] Tres hermanos llevaban al frente el negocio, el centro del universo: Ramón, Julio y Vicente. “Se turnaban con el descanso, que era los días jueves y domingos: dos trabajaban mientras el tercero se tomaba un respiro. El almacén cerraba de 13 a 16 hs., el bar estaba siempre abierto. Trabajaron como locos”, dijo Mirta. En 1932 se sumó José María, “Pepe”, nacido el 23 de mayo de 1912. También partió del puerto de La Coruña: el 28 de diciembre de 1932 en el barco Monte Sarmiento.
[…] “Vicente, Julio y Pepe trabajaron muchos años juntos”.
[…] “El bar estaba a cargo de Julio. Vicente y Pepe se ocupaban del almacén. En algún momento sirvieron comidas, hubo puchero, sopa de verdura, el caldo gallego”. Junto a la comida aparece un personaje entrañable para las hermanas: la tía Segunda, “una persona maravillosa”, los ojos se les iluminan con el recuerdo. Y ella pasó a ser la cocinera de La Armonía.
[…] El negocio se hizo muy conocido por la calidad de los fiambres que vendía. “Vicente deshuesaba el jamón, te hacía participar en todo, yo veía esos cuchillitos, lo veía trabajar con tanto amor, era un personaje haciendo todas esas cosas”, recuerda Irma.
Alicia agrega detalles: “Todas trabajábamos acá, ayudábamos para Navidad, hacíamos los paquetitos con el azúcar, con los moñitos. Se despachaba el kerosene suelto, rallábamos queso, venía la barra de hielo para la heladera. Todo se vendía suelto, y las clientas, muchas, tenían cuenta corriente”.
[…] “Mi papá era el que hacía el reparto afuera” –cuenta Alicia–, “llevaba la canasta repleta y yo lo acompañaba a muchas casas. Recuerdo que íbamos mucho a una casa en Saavedra y San Juan, a mí me gustaba porque había chicos y porque de vuelta nos daban los diarios y las revistas que compraban, Patoruzú, La pequeña Lulú, me las devoraba”.
[…] Las comodidades de vivienda cambiaron cuando los hermanos Cao compraron en 1959 las dos plantas de la esquina.
[…] Los Cao siempre comieron juntos. Rogelia almorzaba la mayoría de las veces arriba con las hijas. La comida española era tradición, los Cao repetían, hasta donde podían, la vida de España. Esa misma comida era la que servían a la gente.
[…] “Para los trabajadores preparaban unos sánguches impresionantes: No sé qué podían ganar en el intercambio, porque ellos pensaban que al que trabajaba había que darle bien de comer, la comida siempre fue importante”.
[…] En abril de 1999 murió Vicente Cao, y sucedió que Pepe perdió la magia. Las Cao afirman: “Vicente vivió para nosotras. No formó familia. Era cinco años mayor que Pepe. Era primitivo, noble y bueno. Vicente había sido para Pepe un guía, un padre, el amigo, el protector, el segundo padre de sus hijas”.
[…] Mirta entrega la primera fecha para un final: “Tenemos la foto donde papá esta cerrando por última vez la persiana del negocio, fue el 4 de octubre de 1999, o sea, seis meses después del fallecimiento de Vicente”.
[…] Pepe Cao falleció 14 abril de 2002. A su muerte el lugar ya era bar notable de la ciudad de Buenos Aires, estuvo entre los primeros quince nombramientos.
[…] Luego de la muerte de Pepe el boliche estuvo un tiempo cerrado. Después apareció Néstor Rosales con dos socios, administró el negocio de 2001 a 2003. Era vecino, conocía el lugar y a los Cao. Se hicieron algunas remodelaciones, pero siempre respetando el original. Pero la sociedad tuvo problemas internos, y se alejaron del negocio.
[…] De 2003 a 2004 trabajó el lugar Jorge Mehaudi, nacido en Mercedes, pero no le encontró la vuelta, estuvo más cerrado que abierto.
[…] Entre finales de 2004 y principios de 2005 se hizo cargo del bar Pablo Durán, que con experiencia en la cuestión, ya tenía la responsabilidad del funcionamiento de bares notables como el Margot en Boedo y el Federal en San Telmo, no tuvo problemas en enderezar el negocio.

El jueves 10 de noviembre de 2011 la Legislatura porteña designó al Bar de Cao como Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

“Almacén y fiambrería La Armonía. De Cao hermanos. Especialidad en artículos extranjeros y del País. Av. Independencia 2400, esquina Matheu. U. T. 47-Cuyo-0961”, decían los primeros rótulos de sus facturas. Hoy el “Bar de Cao” da continuidad gastronómica a aquel viejo almacén de los hermanos…, y de toda la familia.